Cesta de Patos: las muchas vidas que caben en 10 años de blog

Empiezo a escribir esto con mi segundo hijo en brazos. Son poco más de cinco meses los suyos que aún no se manifiestan en muchos kilos pero sí en horas y horas de atención. Vamos a eso, al tiempo, al paso del tiempo, a lo que cunden diez años. ¿Dónde estabas tal día como hoy, hace una década? Bien, lo sé; sé el dónde, el con quién y sé el porqué de todo esto. Felicidades a ti, que es tanto como decir a mi mismo. Diez años, que se dice pronto y que, si lo pones en perspectiva, han pasado casi como una exhalación, como ese tren «sin parada» de cada mañana que te pasa rozando en el andén. ¿Cómo no tener esa sensación viendo dónde estaba entonces y dónde estoy ahora?

Un breve recuento:

– Desde que empezó esto, y hasta la actual, he pasado por cuatro casas

– Tengo dos hijos

– Tuve dos gatos. Ahora tengo un gato pero perdí a otro por el camino

– He cambiado de trabajo

– Tengo un padre y una abuela menos. Eran los últimos de su especie que me quedaban. Del verbo echar de menos

– He pasado por una pandemia global. De hecho, celebro este aniversario en positivo

Son algunas de las cosas tangibles. Las intangibles están casi siempre íntimamente relacionadas con ellas, a veces de forma indisoluble, haciendo bueno aquello de que los datos son fríos.

***

Hoy Cesta de Patos cumple 10 años. Ojalá hubiera empezado antes, ojalá dure aún mucho tiempo. El tiempo. Todo en su mesura. ¿Por qué empecé a escribir aquí, qué lo motivó? ¿Qué es, de qué va realmente esto?

Nació casi como un experimento, al albur de otro blog, mucho más profesional, que por aquellos tiempos surgió en el mismo espacio-tiempo y hoy, ya me alegro, ha creado su propio universo. El mío, más modesto siempre que aquél y mucho menos trascendente, adquirió entidad propia principalmente por un par de motivos. Por una parte, por la querencia a la escritura y la comunicación. Obvia decir que soy periodista y, afortunadamente, en mi caso puedo decir que me gano la vida escribiendo. Eso es casi como el futbolista cuyo trabajo es dar patadas a un balón con otro sueldo, eso sí. Así que aquí hay algo de vocación de contar, de oficio y motivación para hacerlo y, por qué no decirlo, de ese estremecimiento que supone darle a ‘Publicar’, tras lo que ya no hay vuelta atrás.

La querencia a la escritura, decía. El Periodismo. La sensación de que por qué no, ante la profusión de letras que había en la Red en aquellos momentos, por qué no iba yo a poner negro sobre blanco y en luz lo que se me pasara por dentro. Y como quiera que durante buena parte del resto de mi vida fui transcribiendo muchas de estas cosas a cuadernos de papel bolígrafo en mano, cual amanuense, parecía un paso lógico seguir la tradición pero, por fin, tirando de la innovación y la tecnología que estoy harto de publicitar para otros. Surge así un espacio como este, nutrido de una tinta impresa a golpe de pulsaciones sobre el teclado. Igual, pero en cierto modo diferente al que comenzó aquel 27 de julio del 96.

¿Anónimo? No lo digo pero tampoco lo escondo. Eso genera alguna que otra dosis de cierta mesura. A veces me la paso por el forro, he de decir; a veces pesa como una losa. Es este un cuaderno –una cesta, disculpen- de ciclotimias, vaivenes y eclecticismo en el que la identidad del que escribe, y acaso el nombre poco serio/profesional del blog, importan o deben importar más bien poco. Cuando me preparaba alguna chuleta para algún examen me la hacía con la estructura de lo que quería contar. Esto es lo mismo: viva el esqueleto que sustenta las palabras.

Ecléctico. Reflejo del momento, del aquí y del ahora. No está todo lo que podría pero lo que está, está. Nunca he modificado a posteriori nada (erratas al margen) y fruto de ello aún redescubro posts que me parecen pura fantasía al día de hoy… ¡Incluso le dediqué unas líneas a Mariló Montero! Y aún con este popurrí temático, siempre hubo una línea preferencial, al menos en cuanto a intención: los juegos de mesa.

Durante estos diez años, y desde antes, incluso, han tenido una importancia capital en quién soy, en las relaciones que he mantenido, en la gente que se ha cruzado en el camino. No vamos a entrar en la pasta que me he gastado en cajas que hoy dan la bienvenida al que entra en casa. Pero lo cierto es que este sentimiento es de lo poco que no ha cambiado sustancialmente en esta década y vuelvo a lo de antes, sin mucha modestia por mi parte: dado que en aquellos tiempos leía reseñas y a veces pensaba “yo lo haría mejor, aquí escribe cualquiera”, ¿por qué no lanzarse a dar mis propias opiniones sobre ello?

Y la cosa fue para delante. Con textos con los que he buscado siempre ser riguroso, argumentar y poner en valor algunas de las cosas que han ido pasando por mi mesa. Por supuesto, evitando las prisas. Esto no tiene nada que ver con un blog de actualidad, esa no es mi guerra. Aquí ni nos envían juegos por la cara ni existen urgencias para llegar el primero. Por eso, una de las prioridades que tuve al poner en línea el blog es intentar hacer inventario de lo que tengo (o tuve, en muchos casos) mediante sus propias reseñas para paliar la falta de memoria que suelo tener en según qué cosas.

Escribo esto y recuerdo que, en materia de juegos, lo que lo inició todo fue el Colonos de Catán, el descubrimiento de los sudokus en la mesa del jardín de María o aquella primera temporada de Los Soprano casi casi recién salida del horno por entonces. Hoy no está ya María, ni el Colonos de Catán, que se fue a otro hogar. Los sudokus reconozco que aún me entretienen en el Cercanías. Y respecto a Los Soprano, mi visionado acabó precisamente con aquella tanda de episodios, con la (auto)promesa de retomarlo algún día. Han pasado 20 años de aquello fácilmente, por lo que puedo decir, ahora sí, aquello de que diez años no son nada.

Memoria. Hablaba de mi memoria. De la mala. De la necesidad de catalogar y documentar lo que pasa por mis manos o mis ojos, acaso por mis propios sentimientos. A partir de ese criterio fui dando entrada a otro tipo de textos relacionados con series, películas, libros o, en una de las categorías que más satisfacción me produce: visitas a exposiciones fotográficas. Esa es una de las partes que más me gustan porque, en cierto modo, es una de las secciones con las que he crecido más, con las que he aprendido más, con las que me siento más próximo y que más tema de conversación me han proporcionado con Chema… como si hiciera falta buscar una excusa con él.

¿A medida que nos hacemos mayores… a medida que envejecemos… tendemos a hacer listas de cosas, a inventariar nuestra existencia? He llegado a pensar eso. Mi padre dejó cuadernos enteros con cosas escritas, tan variopintas como combinaciones para hacer quinielas, itinerarios de viajes en los que se apuntan los pueblos que atraviesa la ruta, recetas de cocina, réplicas de libros, a veces en inglés o alemán. Llegamos tarde al chino. Lloro.

¿Alguien más ahí tiende a guardar estos recuerdos? ¿Ponerlo por escrito es una manera de descargar la responsabilidad de recordar? No tiene nada que ver, pero ¿hacer fotos de la comida en un restaurante tendría algo que ver con esto? Otra tarea que quiero abordar lo antes posible: ordenar los álbumes de fotos que tengo, sacar imágenes que perdieron el sentido y añadir las miles que esperan en los sobres, tal cual me llegaron del laboratorio.

Memoria. ¿Te has autocensurado alguna vez? Hay un post en borrador desde hace unos siete años o así que cambiaría todo, posibles denuncias mediante, y que no soy partidario de publicar tal cual. Su momento pasó así que tal vez de la misma manera que está escrito no tenga ya mucho sentido. Qué tiene sentido, hoy en día.

Pues una cosa sí tiene sentido. Este domingo de aniversario. Esto sí es diferente. Hace diez años, en la idea de una tarde de domingo no cabía lo de hoy: jugar con coches por la mañana con uno, darle un biberón al otro, hacer un marble run, ponerse a pintar con acuarelas, recoger la ropa tendida, sacar las cosas del lavavajillas… incluso empatizar con el niño del 4º cuyos lloros se escuchan desde mi salón (y con sus padres, vaya). Entonces, hace una década, quería un domingo perfecto. Y aunque no lo imaginara, quizá era esto. Seguiremos dando cuenta de ello. Felicidades.

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