The OA llega a su fin. Pues vale

Nos temíamos lo peor al reseñar la primera temporada de The OA, esa cosa tan extraña que hemos visto. ¿Merece la pena la serie, mola, tiene sentido? Usen el ‘sí’ y el ‘no’ a conveniencia. Tras visionar la segunda temporada, es aún más difícil responder de una manera que se aproxime a lo objetivo. Y es que Brit Marling lo ha vuelto a hacer: nos regala una serie rara, con un argumento entre fantasioso y surrealista que te deja compuesto, con la cara del revés y, sobre todo, con una sensación cercana al “pues vale”.

Como era de esperar tras el final del primer curso de la producción de Netflix, esta segunda tanda de episodios nos sitúa en una nueva dimensión -literalmente- para la gran protagonista, cuyos pasos van a empezar justo después de los sucesos de la primera, hasta el punto de solaparse casi casi. El caso es que Prairie cae en el cuerpo de una mujer rusa, Nina Azarova, cuya vida y actualidad parece ser radicalmente opuesta a lo que representaba la dulce, humilde y cándida Prairie durante la primera temporada.

Sin embargo, habrá poco o nada de casual en esta suerte de reencarnación. Además, no tarda en darse cuenta de que, en su nueva realidad, no será ella la única que procede de una existencia pasada tan inalcanzable como aparentemente imposible. “Hola, soy Prairie, y vengo de otra dimensión”. ¿Cómo explicar eso?

Hacerse entender será clave en esta segunda temporada donde el malvado Hap sigue acechando, Homer parece ido y el resto de la banda se pasará buena parte de los capítulos bien en un manicomio, bien dando tumbos por Estados Unidos en lo físico y rozando la demencia en lo espiritual, convencidos de alcanzar esa cremallera que abra la puerta hacia otra realidad que no ven pero que intuyen y casi sienten en su vello.

Hay que decir que esta segunda temporada de The OA me parece algo mejor guionizada, pese a todo. La historia, en general, es más sencilla de seguir y eso se agradece, por mucho que aún así se mantenga enrevesada y el reparto siga ofreciendo una interpretación bastante mediocre en la mayoría de los casos. Para este curso se une un detective que, francamente, es de lo más potable de la serie, aunque al final las caras y las expresiones que pone le colocan a la altura del resto.

A decir verdad, The OA me parece un experimento fallido. La segunda temporada acaba en un punto que podría dar lugar a una tercera, pero no la habrá. Pensándolo bien, ese cierre es un despropósito tal que casi hace arrepentirse de haber perdido horas ante la pantalla. Y aún así, casi todos los periódicos digitales y medios especializados dieron la noticia de que Netflix cancelaba el que se vendía como uno de sus proyectos más ‘personales’.

Y aunque como suele pasar en estos casos habrá quien lo eche de menos, por aquí nos sorprende la pena, el enfado o la incredulidad de quien la veía como una de las mejores series de la plataforma y no se explicaba que pudieran cancelarla. Pues vale.

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