Strawberry Ninja, un bonito sinsentido

Strawberry Ninja. Ya en el nombre se percibe cierta absurdez, que acaba confirmándose no solo tras una lectura de reglas, sino después de las segunda y tercera partidas, cuando el pasmo de la primera queda sustituido inmediatamente por la confirmación de la engañifa que se nos planta ante los ojos. En el imaginario de Cesta de Patos, este su blog multidisciplinar, reinaba Tuchulcha en el olimpo de los peores juegos que han pasado por mi mesa. Hoy, se añade a tan dudosa jerarquía este indescriptible ninja de la fresa.

El timo que es Strawberry Ninja viene en una pequeña y bonita caja de colores pastel, ilustraciones simpaticonas y unos rasgos de juego que invitan a un rango de 1 a 4 personas, para 20 minutos. La buena noticia es que puede que le sobre más de la mitad de ese tiempo, así que, aunque si lo prueban lo comprobarán por su cuenta, huyan en cuanto puedan.

El objetivo del juego es capturar al Ninja con un meeple con forma de gato (?) antes de una cantidad de rondas determinadas. Aunque en la caja vienen una veintena de cartas, en cada partida solo veremos once, desplegadas boca abajo en una cuadrícula imaginaria de 4×3 que deja un espacio vacío.

El mecanismo es sorprendente, por lo extraño y sobre todo, por lo tontuno. En cada ronda, primero habrá que mover una de las cartas adyacentes al hueco a ese lugar, la que queramos; el segundo paso es… repetir, aunque la que movamos en este punto es la que le daremos la vuelta; el tercero es mover al gato, pero siempre en la dirección que indique una carta de dirección elegida al azar entre arriba, abajo, izquierda y derecha. Al usarlas van al descarte, así que las posibilidades se van reduciendo hasta que se vuelven a usar.

En el segundo paso se van poniendo boca arriba las cartas. Muchas de ellas tienen un pequeño texto que hay que seguir desde ese momento. Incluso podemos descubrir al Ninja de ese modo, aunque luego habrá que intentar que el gato vaya por él.

No sé ni lo que estoy diciendo, Hulio.

Que el juego es malo, mucho. No sé si con niños podría tener algún recorrido. A más de 8 ó 9 años no le veo el sentido. Es cooperativo, por cierto, que no lo he dicho. A lo mejor tendría más gracia meter más de un gato en el ajo… bueno, realmente es muy difícil mejorar esto. Ya que decimos que la caja es bonita, no lo abran.

Una alternativa a esto más barata, más desafiante y más nostálgica son aquellos puzles deslizantes con los que -seguro- muchos de nosotros jugamos de niños. El mecanismo es el mismo pero en ellos tienen bastante más sentido. Aunque no tengan caja bonita, ni ninjas, ni gatos. Personalmente me quedo con Naranjito o con Petete.

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