Viaje al Oeste, el libro chino que compite con el Quijote

Hace mucho tiempo que empecé la lectura de Viaje al Oeste. No he necesitado tanto para asimilarlo, ciertamente, pero es tan pródigo en detalles que bien merece una revisión, ahora que no hace mucho que se puso a la venta el juego de mesa basado en sus aventuras. Pero con eso iremos el próximo día. Por hoy, vamos al libro. Siempre es buen momento para leerlo, en cualquier caso.

Se trata de un clásico de la literatura china que, a grandes rasgos, narra las aventuras de cuatro monjes budistas, a cada cual más peculiar, que recorren China para llegar ante el mismo Buda, quien les debe entregar unas escrituras sagradas. En la narración hay episodios de todo tipo en los que, además de abundar en las virtudes ideales del devoto, entran en liza muchos matices anclados en la mitología del gigante asiático, muchas opacas para todo aquel no versado en aquella cultura. Aun así, y aunque hay que tener tiempo -y paciencia- para leerlo, el conjunto resulta absorbente, incluso para alguien de este lado del planeta.

Es mucho el desconocimiento que tenemos sobre China y lo chino, así que no es extraño que nos cueste reconocer en la obra algún ancla con nuestro propio entorno. Sin embargo, algunas referencias del libro pueden resultar sorprendentes si caemos en la cuenta del cómo, en ocasiones, nos han llegado ‘traducidas’ a Occidente.

Por ejemplo. ¿Se acuerdan de Son Goku? Un niño de otro planeta que se transforma en mono con la luna llena, viaja montado en una nube por todo el planeta y tiene como arma una barra que puede ampliar de tamaño a voluntad. Pues bien, aquel personaje que nos mantuvo horas y horas ante la televisión de niños es un alter ego del protagonista de Viaje al Oeste, cuyo nombre, también próximo al del manga japonés, es Sun Wu-Kung (admite otras grafías, téngalo en cuenta). El libro inspira esa parte que conocemos del personaje, pero es mucho más, y con otras notables diferencias entre ambos. El carisma de los dos, eso sí, es innegable, cada uno en su terreno.

La verdad es que, para entrar definitivamente en materia, es justo, y creo que hasta muy acertado, considerar esta novela como una especie de Quijote oriental, por la trascendencia que ha tenido el libro desde su publicación, en 1590 (el Quijote es de 1605, nótese también la proximidad temporal). Una diferencia clara es que, mientras en nuestro caso Cervantes es uno de nuestros autores más famosos, en el caso chino el creador no está del todo claro. Solo hay una atribución, más o menos consensuada, acerca de un erudito y escritor de la época, llamado Wu Cheng’en.

A lo largo de sus centenares y centenares de páginas, contemplamos dos partes muy diferenciadas. En la primera es donde conocemos al Rey Mono, su nacimiento, sus aventuras y desventuras. Se trata de un personaje cuya trascendencia nos ha dado una de las series más especiales de nuestra infancia pero que también ha motivado una imaginería local que resultaría sorprendente si uno tiene la oportunidad de meter la cabeza un poco en la cultura popular china. Aunque el libro tiene muchos pasajes rayanos en lo humorístico provocados por lo burlón de su carácter, en esta parte dedicada al gran simio abundan los capítulos de enredos, las travesuras y las meteduras de pata del personaje, cuyas consecuencias marcarán su destino, de forma dramática.

Pero, ¿quién es de verdad Sun Wu-Kung? Lo primero que hay que decir es que se trata de un personaje atemporal. Un ser nacido de la misma tierra, concebido por el agua y el fuego, incubado y nacido dentro de una roca. Bueno, no se extrañen, ya les avisamos de que hay mitología implicada. El caso es que muy pronto se convierte en el rey de su pueblo, una nación de monos que habita en una simpar y fértil gruta alojada tras una bellísima cascada. Pero no pasará mucho tiempo hasta que el lugar se le quede pequeño. Su poder es inmenso y pronto es consciente de que necesita más. Eso le lleva a abandonar su lugar de origen y a recorrer el mundo a bordo de su nube mágica. Pero incluso todo el territorio acaba siendo pasto de su inquietud y es entonces, sin entrar en muchos detalles, como entra en contacto con otras figuras místicas, e incluso sube al cielo.

Allí, en las alturas, será donde su descaro, sus toscos modales y su ambición hacen que pronto tope con sus límites. Sus travesuras, su espíritu impulsivo y su orgullo le conducen a desafiar a los entes místicos y a las rígidas reglas de las deidades celestes para acabar generando “una total confusión”, por lo que será duramente castigado.

Y aunque es objeto de innumerables torturas, su poder hace imposible que nada ni nadie consigan reducirle, hasta que es el mismísimo Buda el que toma cartas en el asunto y le confina al encierro sine die bajo una montaña, desde donde el condenado mono no puede hacer otra cosa más que mostrar su impotencia y proferir lamentos.

La fealdad del personaje (y sus compañeros) dará para episodios cómicos

No obstante, Sun Wu-Kung va a tener una oportunidad para redimirse al servicio del segundo gran protagonista de la novela, gracias a sus capacidades, que incluyen el ingenio más afinado, el arte del combate y el dominio de las transformaciones, que le permite mutar casi en cualquier cosa. Con eso comienza la segunda parte del libro, que es la que, dicho con propiedad, le da nombre a la novela. En la misma es donde aparecen el resto de personajes principales que han trascendido sus páginas.

Sobre todo, el monje Tripitaka. Este devoto es el elegido por el emperador del reino de los Tang para cumplir un encargo que, según su plan, debe ayudar al pueblo a ser más pío y próspero: atravesar su imperio y presentarse ante el mismo Buda para pedirle una copia de las escrituras sagradas y presentarlas ante sus súbditos.

Al contrario que al resto, a Tripitaka se le suele representar casi como un ser de luz

Tal misión puede parecer pueril dadas las facilidades de transporte que tenemos hoy en día. No obstante, en aquella época que uno supone lejana, no quedaba más remedio que liarse la manta a la cabeza y echarse al monte, lo que en este caso suponían años y años de travesía por distancias inmensas y cumbres casi impenetrables, como así queda reflejado.

Y lo que es peor que la distancia y la geografía: los peligros inherentes de los caminos pero también de las tentaciones terrenales que pondrán a prueba la fuerza de voluntad de los peregrinos. Infinidad de monstruos, de espíritus, de animales salvajes y de accidentes geográficos separaban el punto de partida del de destino, de ahí que el monje, de naturaleza frágil y más bien asustadiza, necesitara ayuda adicional para cumplir su cometido y, de paso, ir sembrando bondad por el camino. Y es que aquello a lo que hacen frente es más que lo evidente: hay un inmenso grado de simbolismo inherente a los enemigos y/o dificultades que se suceden.

El equipo debate sobre la conveniencia de ir por un lado o por otro

Y es aquí donde entra en acción de nuevo el Rey Mono. Es liberado a condición de acompañar, proteger, y servir al monje, de convertirse a la fe budista, y de hacer méritos tras los desastres ocasionados en el pasado. Junto a ellos se incorporarán paulatinamente otros dos personajes: un antiguo militar tan parco en palabras como práctico y poco inteligente, el Bonzo Sha; y un cerdo gigante vago, egoísta y glotón que genera más problemas de los que ocasiona, Chu Ba-Chie. Todos ellos, por cierto, extraordinariamente feos en comparación con el monje, como se recalca muchas veces a lo largo de la obra, lo que les generará problemas añadidos en muchos pasajes que se resolverán a veces con ingenio, otras con una violencia desmedida: no es raro que algunos enemigos acaben convertidos en una “masa sanguinolenta”.

Chu Ba-Chie es tan glotón y egoísta como carismático. Le amas y le odias a la vez

A poco que nos hayamos explicado bien, podría concluirse que Viaje al Oeste está más alineado con las novelas clásicas de aventuras que con las lecturas místicas que uno espera de un libro tan icónico. Sin embargo, y aunque en este punto se hace patente casi más que en ninguno su conexión con el libro de Cervantes, hay igualmente una filosofía implícita muy profunda en sus páginas. No olvidemos que, mientras don Alonso Quijano era un caballero andante (de dudosa calidad, hay que admitirlo), un guerrero con toda la teoría aprendida (la práctica ya sabemos que no…), aquí todo gira en torno a un grupo de monjes cuya fe y motivación es religiosa.

Pero tampoco debe considerarse el libro como tal. La riqueza del universo que crea está en que es una muy buena historia de aventuras que sabe ir más allá de su literalidad y ofrece una gran cantidad de lecturas, nunca mejor dicho; una moraleja constante, por resumirlo, en la que todo tiene una simbología que puede que se nos escape a los occidentales. Pero al final no deja de ofrecernos un mensaje simple: la loa a la perseverancia, al no rendirse, al trabajo en equipo, como manera de encontrar unas escrituras o, por ser más concreto y apegado a la realidad, a uno mismo.

Otras representaciones presentan un aspecto mucho más fiero de los personajes.

La narración es muy extensa -mucho más que esta entrada-, pero si se le dedica la paciencia necesaria y se lee con la implicación precisa, el libro recompensa con una acción sorprendente y que trasluce buena parte del porqué la cultura oriental es como es y se muestra como se muestra. Algunos de estos rasgos son fácilmente identificables en la obra, como sucedía también en otros libros como los del Juez Di, por ejemplo. No lo olvidemos: otro nexo de Viaje al Oeste con el Quijote es el que en buena parte de China, la obra es muy popular desde la escuela.

Además de Bola de Dragón, con Son Goku, que es la referencia más próxima que tenemos, Viaje al Oeste ha dado para muchas series, cómics y un sinfín de manifestaciones más o menos cercanas al original, incluso juegos de mesa, como veremos pronto. Algunas no han salido de China y las que me han enseñado desde allí, al margen de la tira de años que tienen ya, ofrecen, aún sin entender el idioma, una inocencia difícil de encajar en los parámetros actuales. Aquí pueden ver el primer episodio de la serie clásica de la televisión china (subtitulada en inglés):

Las manifestaciones más recientes y accesibles han dado para que, al menos el aspecto gráfico o las caracterizaciones se actualicen al siglo XXI, aunque desde el punto de vista argumental no auguran nada interesante, puesto que es evidente que opta por ser políticamente correcta aun siendo incorrecta respecto al planteamiento original. En este caso, cuando nos pregunten si preferimos el libro o la película, lo tengo claro: aunque tarden, disfruten del viaje a través de sus páginas.

La versión que estrenó Netflix

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s