1 CAR D: Stock Car Racing Game, la NASCAR de bolsillo

Para el que suscribe, el último trimestre del año suele ser una época dulce de incorporaciones a la ludoteca. Bien, es verdad que mi cartera no está muy de acuerdo pero el combo entre cumpleaños, black friday y los regalos de Navidad y Reyes acaban dejando un balance que convierten aquello de “feliz entrada y salida” en un eufemismo de “vamos a inventar nuevos huecos” para colocar todo. Por eso, y aunque como contaré pronto, han llegado cajotes inmensos, reconozco que el juego que me ha tenido más enganchado en este arranque de 2023 es extremadamente minimalista se llama 1 CAR D: Stock Car Racing Game, es un print & play y es exclusivamente para un jugador.

Se trata de juego de carreras. Concretamente simula la competición de la Nascar, ya saben, coches carrozados basados en sus versiones de calle, con una tecnología bastante alejada de la Fórmula 1, por ejemplo, pero con motores que, unidos a circuitos generalmente dispuestos en óvalos, permiten alcanzar velocidades de vértigo. En este contexto de pie a tabla sin miramientos cobra una inusitada importancia pegarse al culo del rival para ganar el rebufo como un espaldarazo para intentar el adelantamiento. Aún así, las tretas más o menos sucias, los trompos, los siempre cercanos muros y los accidentes están a la orden del día.

Sobre la Nascar hay bastantes juegos en el universo lúdico. tal vez Thunder Alley es el más conocido. No lo he probado, ya me gustaría, pero las cosas son como son. Y esto, que no deja de ser un lloro, es precisamente lo que me ha llevado a probar el juego que nos ocupa. He de decir, para empezar, que lo conocí gracias al canal de YouTube Kholiast Board Games, que he descubierto hace días y que me ha gustado mucho por el tono que tiene la persona que presenta los vídeos y por lo bien que explica las cosas, claro, directo y sin estridencias. El ejemplo que me conquistó:

En este caso, discúlpenme que le reste un poco de mérito, no lo tenía muy complicado porque 1 CAR D: Stock Car Racing Game es un juego que tiene, como único componente nativo, una carta. Sí, han leído bien: una carta, un naipe sobre el que se desarrolla la historia que se plantea, en este caso una carrera de coches completa. Bueno, hay una pequeña trampa, claro: hay que añadir el reglamento y un conjunto de dados y de fichas para representar los coches, que correrán (nunca mejor dicho) de parte del jugador.

Pero el corazón del juego es esa carta que tenemos que imprimir. Representa una sección de un circuito, una parte de una recta, que a su vez está dividida en cinco filas que vienen a indicar el punto donde se encuentra cada uno de los seis coches que participan en la prueba. Además, alrededor de la carta se halla un contador de las vueltas/turnos de la partida y una especie de cuadro de mandos en el que elegiremos la marcha en la que decidiremos mover nuestro coche. También hay una zona inferior pensada para colocar tres dados neutros que, a modo de marcadores, nos indican el nivel de neumáticos, gasolina y de motor que tenemos en cada momento.

Así explicado, cualquiera podría imaginar el despliegue de materiales que exige la simulación de un carrera que use todas estas cosas. Los prejuicios juegan en contra, acostumbrados como estamos a grandes tableros con circuitos, paneles personales para llevar la contabilidad de los parámetros del bólido, etc. Aquí todo eso se solventa de un plumazo y en un espacio mínimo.

Ahora bien, ¿cómo se juega? Nada más sencillo. La clave es entender que la gran particularidad de 1 CAR D: Stock Car Racing Game es que (casi) nunca podremos incidir directamente sobre nuestro coche: no podemos hacer que avance. Únicamente existe la opción de moverse a los laterales, previo gasto de neumáticos, para buscar rebufos u obstaculizar rivales. El resto depende de lo que los dados señalen para cada coche rival y beneficiarnos (o no) de lo que ocurra con ellos.

Para ello la clave es seleccionar en el cuadro de mandos una velocidad determinada para nuestro coche. Es la gran decisión que tendremos turno a turno porque, según lo que hayamos marcado, cada contrincante se moverá una casilla hacia delante, hacia atrás o se quedará en el sitio si su tirada es mayor, inferior o igual que nuestra velocidad, respectivamente. Hay algunos matices en esta ecuación como la posibilidad de arrastrar a los demás, de cerrarlos contra el muro o de intercambiar la posición pero, a grandes rasgos, la dinámica es tan sencilla como eso.

Por supuesto, lo de tener que decidir la velocidad no es algo tan gratuito como pueda parecer. Atendiendo a la dinámica ya ven que, cuanto más alta sea más probable es que los rivales vayan cediendo algo. Sin embargo, excepto en tercera velocidad, que es la más neutra, las superiores –cuarta y quinta- nos restan puntos de gasolina y de motor, algo que hay que cuidar para llegar al final enteros. En las marchas inferiores, primera y segunda, los rivales seguramente se muevan hacia delante pero el truco aquí es que si nos mantenemos detrás de alguno y este avanza, nos arrastra la corriente de aire y nos movemos con ellos. Así que combinar estas maniobras, gestionar los recursos y tener una pizca de suerte es el cóctel para aspirar a una victoria que, eso sí, es realmente complicada.

Adicionalmente hay algún que otro aspecto que le aporta algo de mordiente al juego como las banderas amarillas o la entrada en boxes, que son intentos de aportar una capa de profundidad extra a este juego tan mínimo pero, aún con eso, la facilidad de las mecánicas, el entretenimiento y la extrema portabilidad suponen una sorpresa que vale para cualquier rato tonto en el que no haya tiempo ni espacio para otra cosa.

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