Post Mortem, la calma y los vampiros discretos

La quietud del paisaje. Lo idílico y acaso lo místico que transmite esa atmósfera fría y casi infinita de los parajes nórdicos es abrumador cuando toda esa naturaleza se cierra sobre un pequeño pueblo que uno imagina casi aislado en época invernal. Un pequeño pueblo en el que, al parecer, nunca o casi nunca muere nadie. Al menos eso es de lo que se queja la familia a cargo de la funeraria local, que se debate, paradojas del destino, en una lucha por la supervivencia.

Últimamente, cada vez que sale en mi entorno la pregunta de “¿qué serie me recomiendas?”, respondo que Post Mortem, en Netflix,, una miniserie noruega que, a los carteles me remito, va con los pies por delante. Este texto intenta afinar un poco en explicar el porqué. Y no sé si lo consigo, o incluso si provoco el efecto contrario, porque no es ni una obra maestra ni se ajusta, posiblemente, a ningún género. Pero tal vez por eso, quién sabe…

Hablaba de la calma, retomando. Sucede que esta calma se quiebra cuando aparece una víctima mortal, aparentemente asesinada, que en este caso es la hija del propietario del negocio. Y sucede además una cosa bastante más rara: en un giro inesperado, la finada resucita en la morgue con una sed de sangre no del todo evidente pero que, sin ambages, la debe clasificar a partir de ese momento en la nómina de los vampiros del mundo.

Pero ocurre que su forma de llevar esta condición es peculiar para ella y para el entorno que la rodea. De la misma manera que recordamos aquella cinta sueca que relataba el vampirismo de una niña, ‘Déjate llevar’, en Post Mortem la protagonista también va dejando algunas pildoritas por el camino de una normalidad que nunca se había mostrado en cintas del género pero que, si uno piensa bien, responden a lo que debería ser el día a día (o la noche a noche) de un vampiro de a pie.

Puede que estemos orientando demasiado la reseña hacia el vampirismo, cuando en verdad la serie no es tan sesgada. El gusto por la sangre está ahí, por supuesto, pero solo como una especie de secreto que ayuda a deshilvanar el puzle que supone el inicio de todo. Por un lado, el negocio funerario, que irá recibiendo golpes continuamente, como aquejado de una mala suerte en la que el hecho de que un muerto resucite no va a ser más que el comienzo de una serie de catastróficas desdichas.

Sin querer desvelar mucho de la trama, también aquí se dan a conocer secundarios con bastante carisma y que de alguna manera tendrán un rol destacado en el avance de la trama que resulta engañoso. Parece que no va pasando nada, y ¡zas! Es lo bueno que tiene un guión bien pensado y una concepción limitada del tiempo, que hacen que la historia se desarrolle en unos pocos capítulos, sin estridencias ni relleno innecesario, y que cuenta, además, con un final inteligente que no te deja pensando en salidas facilonas.

El tono va variando mucho, pese a todo. Es agridulce, por resumir. Nos debatimos entre situaciones más o menos absurdas que inevitablemente desenlazan en alguna pildorita dramática. La mesura con la que están trenzadas estas escenas me ha gustado. Es cierto que no acabaremos pensando que es una obra maestra pero para un rato, vale. Lo peor, haberla visto con las temperaturas tan altas al otro lado de la ventana. No ayudan a meterse en situación: así que ya saben, si son capaces de encontrar un día de lluvia, qué mejor. La calma.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s