Bochornosa noche de Reyes en el Wanda

Atlético de Madrid, 5 – Rayo Majadahonda, 0

Se frustró el Regalo de Reyes que era ver a tu equipo midiéndose en Copa del Rey contra uno de los grandes. Y no por la goleada que, qué les voy a decir, forma parte de la normalidad que debe imponerse cuando se enfrenta un equipo top con uno de la tercera categoría (Primera RFEF, que se llama ahora). Pero una cosa es que la lógica te aplaste y otra muy distinta es que de primeras invites al rival a que te pase por encima. Porque eso, ni más ni menos, es lo que sucedió la noche en la que todo aficionado del Rayo Majadahonda podría haber soñado y que, resultado al margen, se tornó en la confirmación de lo poco que al club le importa su gente.

La cosa es que la ilusión se nos comenzó a ir por el sumidero a los majariegos el mismo día del sorteo o acaso antes, cuando un horizonte contra el Atleti ya dibujaba la posibilidad de mamoneo con el vecino rico que tenemos instalado en nuestro campo. «La bolsa o la vida» nos dijeron, a lo que contestamos: «¿Y por qué no ambas?».

Los hechos son sencillos. En los dieciseisavos de la Copa del Rey, tuvimos la oportunidad de medirnos a Real Madrid, Barcelona, Athletic o Atlético de Madrid. Cayó este último, con el que se da la casualidad de que entrena en las instalaciones municipales que, desde siempre, han sido la casa del Rayo Majadahonda. Los rojiblancos llegaron a un acuerdo de 50 años en el que hacían suyas las instalaciones para entrenar aún permitiendo que el Rayo jugase sus partidos de liga como local allí. Contado así, rápido, no nos negarán que la situación es rocambolesca.

Por eso, cuando sale la bolita del Atlético en el sorteo, ya nos vimos venir la jugada. Si el Rayo jugó media temporada en Segunda División en el Wanda Metropolitano, ¿cómo no pensar que la directiva querría hacer caja llevando el partido allí? Total, hablamos de unos dirigentes que nos han hacinado en partidos concretos en un fondo porque la prioridad fue hacer caja y llenar de aficionados visitantes las gradas, como con el Depor, por ejemplo; o incluso en Copa contra el Málaga, a quienes reservaron casi el lateral y apenas vinieron unas decenas de personas.

Por eso, no creo que a nadie le pillara de sorpresa que, en la duda entre opciones deportivas, atención al aficionado y el aspecto económico, lo primordial sería esto último. A partir de ahí, ya empezamos con el recochineo. Que si mayores comodidades, más capacidad, más medios para responder a la entidad del rival… cho-rra-das: el Rayo Majadahonda es el único equipo de su categoría (e incluso de la que está por debajo) que ha optado por decirle a sus aficionados que para ver el partido con mayor pedigrí de su historia cojan un coche, se hagan 33,6 kilómetros de ida, otros tantos de vuelta, se paguen un parking y estén tan felices. Y todo, en un partido que empieza a las 21:30 horas de una noche de Reyes, no vayamos a olvidar que este duelo copero es un regalo para todos. Porque como dicen las redes sociales del club, #LaCopaMola. Venga ya.

La decisión sorprende cuando hace relativamente poco hubo fútbol profesional en el Cerro del Espino. El año de Segunda se empezó en el Wanda pero se acabó en Majadahonda porque, presuntamente, se subsanaron las deficiencias que motivaron el traslado durante los primeros meses de competición. Por eso nos preguntamos si de verdad pueden recibir al Madrid o al Barça en Alcoy o en Linares y no al Atlético en Majadahonda, que ha albergado partidos de Segunda casi ayer mismo?

Son cosas como esta y los motivos que están detrás los que hacen que esto que se da en llamar el ‘fútbol moderno’ sea sinónimo de dejar tirado al aficionado que sustenta al equipo cada semana -haga frío, sol, llueva o nieve- y decirle de una forma más que explícita que al club no le importa un carajo.

Porque, por ejemplo, ya que te emperras en mover el partido de sitio, vas cubriéndote de gloria con decisiones a la altura. ¿Mandas a la gente que paga un abono a un fondo en un estadio en el que cabe casi todo el pueblo, le cobras el parking del que se supone que es tu campo como local? Búsquese la vida, señor socio.

¿Y qué gana el club con esto? Dinero, se supone. Y es una meta loable en estos tiempos de sociedades anónimas futbolísticas, por supuesto. Pero quedará la duda de si al menos esa parte ha sido rentable: en principio la taquilla iba a medias (o al menos el propio presidente «creía» que era así). ¿Habrán sacado lo suficiente para pagar la luz del Metropolitano? ¿Sobrará para mejorar el Cerro del Espino y que no nos pillen en un renuncio en el futuro en una situación similar? Como decía un aficionado en Twitter, ¿habría jamón y vino en el palco como para compensar un pinchazo en este tema? Pues quién sabe. Lo cierto es que si uno se pone en la piel del Atlético, pensaría que el de enfrente le quiere tomar el pelo: me mueve un partido como visitante que podría ser una encerrona a mi estadio y me da la mitad de una taquilla. Ni tan mal.

¿Socialmente se justificaba el cambio? ¿Hemos ganado visibilidad y simpatía de la gente? ¿Habrá colas para sacarse el abono gracias al carisma que hemos conseguido con esta gesta? Por lo que se palpa desde el sorteo, más bien al revés, y no les quiero ni contar lo que han sido estas horas desde el final del partido y el instante en el que le he dado a publicar la entrada esta mañana, con una sensación generalizada: la de vergüenza, pena y bochorno. Para el que lo vio por la televisión, un ridículo absoluto: al margen de profundizar en la imagen de equipo pelele, no recuerdo ni un solo plano durante el partido -ni uno solo- en el que apareciera alguien que pudiera ser identificado como aficionado del Rayo Majadahonda. Y sí, ya sé que fue gente, pero de cara a lo que uno ve por la televisión, como si no. Hemos visto una sesión de circo romano en lo que, sin duda, es una de las estrategias de marketing más estrafalarias.

Y luego lo deportivo, que fue otra de las cosas delirantes en las que el club o no midió o no se quiso dar por aludido. Si todas esas campanadas de equipos pequeños contra los más poderosos que hemos visto en los últimos años se hubieran hecho en casa del poderoso, ¿alguien piensa que hubiéramos visto un alcorconazo, o al Barça haciendo el ridículo en Novelda, por citar alguna sonada? Lo malo ha sido que aquí el enemigo está dentro: ha sido la misma directiva la que decidió ponerle alfombra roja al rival para que todo estuviera a su gusto. Echar a tus propios jugadores a los leones de esta manera es un detalle feo: ha sido como ver un equipo de parvulario contra uno lleno de aviones. Y con eso ya hasta daba igual el fuera de juego del primer gol.

Es obvio que la diferencia es sideral. Pero como “no hay enemigo pequeño, son once contra once”, etc., se podría pensar que quedaba aún hueco para dar la sorpresa, para explotar tus probabilidades: necesitas tener el día de cara, que al rival no le salga nada y tener el entorno de tu lado. Esta vez todo eso salió al revés. Pero lo del campo es significativo porque es lo único que puedes controlar. Regalando el factor cancha ya no estás apelando a tus pocas opciones, sino a que la realidad te aplaste, como fue el caso. Si el Atleti te va a ganar 99 de cada 100 partidos, no hay que ser un premio Nobel para entender que tu oportunidad pasa por hacerte fuerte en tu casa, por mucho sea donde entrena diariamente. Siempre eso mucho mejor que en un campo neutral o, por supuesto, en el estadio del rival.

Ni siquiera hace falta recordar cómo eran los partidos en el vetusto Cerro del Espino al que asistía cuando era niño. Era aquel un campo de tierra destartalado, casi como un descampado más de una zona que ahora son urbanizaciones de lujo y escudos del Atlético. Pero por mucho que esto suene ya a batallita es uno de los argumentos que explican de qué manera el fútbol de verdad, el nuestro, el más cercano, también ha pasado a mejor vida en Majadahonda. Esa, y no la otra, ha sido la auténtica goleada que nos han colado esta noche de Reyes. Porque #LaCopaMola. Ja.

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