De cuando volar era un sueño imposible

Avión de la ruta Touluse-Casablanca (1935). Colección David Gesalí.

Cien años parecen muchos. Y lo son, ciertamente. Pero si lo piensan bien, puede que les resulte un periodo que, en términos históricos, sea bastante menos de lo que parece. Si volvemos un siglo atrás, el cine apenas era magia, los coches aún estaban por conquistar las ciudades y la aviación solo era un sueño para pioneros, lejano aún al concepto de transporte de masas que nos viene a la cabeza al pensar en los viajes en la actualidad.

La exposición ‘¡Volar!, que se presentó en el Círculo de Bellas Artes gracias al ministerio de Fomento y a través de la Fundación Enaire, hizo un repaso de estos primeros cien años de aviación comercial en España a través de imágenes que ilustran ese recorrido, desde la precariedad de los primeros vuelos, hasta la normalidad estratégica de hoy en día y de la que todos nos beneficiamos en vacaciones, por ejemplo.

Bautismo del aire en el Aero Popular de Madrid en los años 30 | Fotografía de Alfonso. Archivo General de la Administración.

Aun con ese fondo de utilidad que tienen los aviones para el desarrollo social y económico de un país, es innegable que todo lo que tiene que ver con el sector aéreo resulta fascinante. Y mucha de esa magia se vislumbra en las imágenes que retrataban esta evolución a través de los objetivos de fotógrafos más o menos consagrados que supieron captar las escenas que surgían en torno a los aviones de una manera artística, estrictamente documental, o incluso con ambas vertientes. También en eso cada época dejó una impronta para la posteridad.

Que en la muestra esté implicada una institución oficial es muy beneficioso porque permite explorar la profusión de los archivos para poner ante el espectador esta historia viva, que comienza con estampas en blanco y negro, amarillentas por el paso del tiempo, en las que vemos avionetas en aeródromos con pistas de tierra, con instalaciones precarias y personas que casi pueden tocar los aparatos. Y no es una exhibición, sino la realidad de unos momentos en los que no había mucho más que lo que vemos.

Madre e hija se retratan delante de un Blériot XI tipo “Canal de la Mancha” durante la Semana de la Aviación de Gijón en septiembre de 1910 | Colección particular.

De hecho, sorprenderán ya no solo los aviones sino lo que los rodea, como los aeropuertos… perdón: como los terrenos donde los vemos: el Prat en Barcelona o Barajas, Getafe, Cuatro Vientos en la capital… y sí, nada ver con la moderna T4 madrileña que veremos en otra parte de la muestra: aquí vemos terrenos aptos por la carencia de obstáculos y por su regularidad. Otros tiempos, sin duda alguna.

Momentos en los que los asientos de los aeroplanos son de mimbre o directamente no los hay, ya que la prioridad -o una de ellas- es transportar correo, por ejemplo. Todo resulta llamativo, exótico. Hablo de nuestra opinión ante las fotos, cómo no imaginar que para aquellas personas retratadas lo era aún más: casi mágico poder surcar los cielos y hacer un poco más pequeño el mundo, en distancia y en tiempo de desplazamiento.

Sin embargo, esa conquista de los cielos ha sido más o menos lenta. Imparable, pero lenta, y siempre en base a una tecnología que ha afectado a todos los procesos de los vuelos, desde las instalaciones en tierra a las aeronaves y, por supuesto, en el tipo de personas que se subían a un avión.

De esta metamorfosis en el pasajero tipo también se habla en la exhibición. Porque es bastante obvio el cómo se pasa desde personal técnico, militar u oficial a personas con amplio nivel adquisitivo. Una parte importante de la exposición está dedicada a las estrellas de todo ámbito -principalmente, cine- que llegaban a España y cómo ya desde la misma escalerilla del aparato eran recibidos en loor de multitudes, convirtiendo el medio aéreo en un escenario real de la película de la vida.

Marlene Dietrich, recién aterrizada en Madrid el 3 de julio de 1960 | EFE/Jaime Pato

Dicho de otro modo: verlos descender del cielo era como un sueño para todos los ojos admirados que daban la bienvenida a aquellas grandes estrellas.

Afortunadamente, en la actualidad volar ha dejado de ser algo exclusivo. Otra cosa es cómo de cómodos sean los viajes, que eso es otro tema que es intuido en las fotos por los interiores remozados de los aparatos, por el personal de cabina y por los menús de a bordo, ingredientes que, aun con un papel muy secundario, también ayudan a configurar esta visión global del tema.

Entrega del primer Jumbo de Iberia, bautizado ‘Cervantes’, el 22/10/1970 | Colección Boeing

Es una exposición muy completa y que a cualquier amante de los aviones le encantará porque también hay espacio para las imágenes que inmortalizaron las entregas de aviones -ellos entenderán la pompa de esos momentos- u otro de los campos para los que ha dado este romance entre aviación y fotografía: las fotos más artísticas, conceptuales y originales, que parecen hablar de un mundo a años luz de distancia de los visto en salas anteriores. Y, sin embargo, el viaje solo acaba de empezar.

José Manuel Ballester. Gran Terminal 7, 2002 | Colección del artista

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