Kamisado, abstracción en colorines

Las expectativas. O como venís a llamarlo, el hype. O las espinitas clavadas; o la cabezonería. De todo eso hay en este juego que hoy nos ocupa. En realidad, Kamisado no es actual, ni siquiera esta versión ‘de bolsillo’, que es la que luce en mi morada. Y aunque reconozco que no será el juego al que dedique el poco tiempo que tengo últimamente, al menos he calmado la ansiedad de que por fin esté en mi ludoteca. Y bien.

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¿De qué va Kamisado? Se trata de un juego abstracto, para dos personas, que se juega sobre un tablero formado por una cuadrícula de colores de 8×8 casillas. Cada jugador dispone de ocho piezas, una de cada color. Su objetivo es alcanzar la primera línea enemiga con una de ellas antes de que lo haga el rival.

El color es la clave en una partida de Kamisado. La cuadrícula sobre la que se desarrolla la partida tiene ocho, que se corresponde con cada ficha. Esto se traduce en una de las dos únicas reglas de movimiento que tiene el juego (que es donde reside la originalidad de la mecánica), que es que el jugador en turno está obligado a mover la pieza del color que coincida con el de la casilla donde el rival hubiera concluido su movimiento previo. Un ejemplo: si mi contrario deja su pieza en una zona roja, yo tengo que mover la roja; y por continuar: si mi roja la dejo en azul, él tendrá que mover la azul. Y así.

La otra regla es que cada pieza se mueve siempre hacia delante, en vertical o en diagonal, el número de casillas que más convenga y siempre y cuando no se salte una pieza enemiga. Ni un paso atrás, ni siquiera al lado.

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Hasta ahí el juego básico, que ofrece partidas bastante rápidas, de no más de 10 minutos. El que las piezas vayan avanzando siempre precipita el final con bastante agilidad. Sin embargo, existe un modo avanzado en el que la victoria final se decide tras varias partidas. En ellas, la pieza que alcanza la otra orilla recibe una especie de condecoración llamada ‘sumo’ que le otorga características especiales: por una parte ve algo limitado su movimiento pero, por otro, adquiere la capacidad de empujar piedras del rival, con lo que gana algo en posibilidades estratégicas.

El juego de bolsillo solo admite un sumo porque para marcar estas piezas especiales se les da la vuelta a las normales, mientras que en la versión grande, en la que las fichas son una especie de torres de ajedrez, cada una puede llegar a acumular hasta tres grados, multiplicando sus poderes. Esa es la única diferencia que existe entre ambas versiones.

Pieza convertida en 'sumo'

Bueno, hay alguna más. El tamaño es el obvio pero el más molesto es el del precio, que siempre me pareció abusivo para un juego de estas características y que aquí es más contenido. De ahí que encontrarlo en una versión ‘portátil’ haya sido una excelente noticia para disfrutarlo. Las únicas pegas a esta edición son la ausencia de una caja o bolsa contenedora (el juego viene en un blíster de plástico) y que el tablero, que es de muy buena calidad, no conceda la posibilidad de plegarse para transportarlo mejor.

Lo de los colores tendría un problema para los que tienen problemas visuales. El diseño les hace un guiño de una manera curiosa, al menos en esta versión. Cada color está identificada con un caracter chino que significa el color que está impreso. Atendiendo a eso se podría ‘pasar’ del color pero claro, está el asunto de que leer chino no es la manera más sencilla ni más ágil para darle ritmo al juego ni la más fácil para identificar las cosas de primeras.

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Volviendo a lo de las ganas de tenerlo, una vez que le he echado unas cuantas partidas, me reafirmo en lo de que es un juego más que potable pero al que el precio de su versión granda lastra en demasía. Sobre el papel me ha sorprendido -y ya no sé si para bien o no- el que las partidas sean tan cortas. El sistema de ir teniendo en cuenta los sumos le aporta una profundidad extra a medida que ‘subimos’ niveles pero hay algo que no acaba de prender la chispa del amor con la mecánica, qué sé yo, me deja un poco a medias y por eso no me desprenderé de él (de momento) pero si no lo hubiera tenido, tampoco habría pasado nada. Pero las cosas hay que probarlas.

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