Manhunter: Unabomber, todo muy americano

En el capítulo de ayer… hablábamos de Mindhunter y de cómo una discusión personal -amistosa- derivó en una reflexión sobre la serie. Pues bien, el segundo capítulo de mis batallitas incluyó otro debate improvisado sobre cuál es mejor, si la mencionada o Manhunter: Unabomber. Vista una y otra, mi voto va para la primera.

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Unabomber podría considerarse una continuación moral de aquella porque, como esta, ancla su argumento en las posibilidades de la psicología para trazar perfiles de grandes malhechores. El enfoque es diferente, como muchas otras cosas, pero esa querencia por profundizar o explicar cada aspecto de la personalidad del villano a partir de cada detalle es una obsesión latente durante la mayor parte de los capítulos de una y otra.

Unabomber tiene más dinamismo. Es más movida, es una serie que tiene mucha más acción que su prima y que no corre el riesgo de enclaustrarse entre cuatro paredes, como sucede con la otra. La historia gira en torno a dos personajes. Uno, el más obvio, es el que da nombre a la serie, un misterioso terrorista que ha mandado bombas por correo durante más de una década, llevándose tres vidas por delante e hiriendo a decenas. Pero sucede que es una sombra: es tal su destreza que nadie tiene ni idea del dónde o cómo acercarse a su identidad.

Y en este contexto es donde surge el otro protagonista, Jim ‘Fitz’ Fitzgerald, un agente del FBI perteneciente a la Unidad de Análisis de Conducta (¿les suena?) que se incorpora a la división especial que trata de cazar al asesino.

Sam Worthington... pues vale.
Sam Worthington… pues vale.

El duelo entre ambos, que según cuentan las crónicas no se ajusta tanto a la realidad, se vive en la ficción en varios frentes y líneas temporales. No es tanto una caza del gato al ratón al uso como una guerra mental por salir victorioso y cumplir los objetivos personales, que van más allá del éxito policial para uno o de salir indemne del lance, para el otro.

A mi entender el duelo interpretativo se decanta por el malo. Unabomber me resulta más interesante, con más aristas, más natural. Tampoco el rol del actor Paul Bettany es como para descorchar un Moët Chandon pero aún así me parece el mejor del elenco. Además, su caracterización respecto a Ted Kaczynski, el nombre real en el que se inspira es asombrosa. El resto del reparto es muy tosco, superficial, sin matices y, tal vez pretendidamente, resulta especialmente antipático.

Bettany interpreta a Unabomber.
Bettany interpreta a Unabomber.

Y eso le afecta su alter ego. Sam Worthington se muestra muy sobreactuado, muy histriónico, se ve venir de largo que busca una redención personal a su tormento y una salida a sus complejos, más que un ascenso. No hace falta ser muy avispado para que, visto los primeros minutos del metraje, uno espere el momento en el que se le encienda la bombilla y todo sea perfecto. Y en el intento será fácil que el inocente idealismo del principio se torne en asquito por lo trepa y lo pelmazo que resulta. Aunque claro, con lo que tiene alrededor uno se explica un poco más las cosas, y es que como sucedía en Mindhunter, se presenta al FBI como una suerte de institución plena de luchas internas, políticas y burocráticas que pierden de vista su principal labor.

En cuanto al desarrollo en sí de la serie, decir que su trama avanza en varias líneas temporales. Es un esquema al que le veo alguna que otra cosa negativa. Es verdad que no falla nada, todo parece correcto. Pero los saltos me parecen muy forzados, me molestan, parecen un recurso más efectista que necesario. Si en Dark, otra reseñada hace poco, se alternaban espacios temporales pero eran las caras las que te dejaban un poco despistado, aquí es la acción, ya que todo se antoja como un engranaje poco engrasado, frío y sin demasiada alma.

El duelo entre los dos se dilucida en los ocho capítulos.
El duelo entre los dos se dilucida en los ocho capítulos.

En el fondo creo que ese es el defecto principal de Manhunter: Unabomber, que le falta sangre. Y es que no consigo conectar con lo que me cuentan, que veo muy convencional y conveniente: un error de ortografía que te aclara las cosas, unas palabras en un bar que cambian la visión del asesino… no sé, todo demasiado azaroso, poco creíble y -tómense esto como quieran-, excesivamente americano. Los últimos capítulos mejoran el nivel pero aún así, reitero: entre Mindhunter y Manhunter para mí, la primera. Pero es cuestión de gustos así que si quieren y pueden, denles un tiento a ambas que desde luego que no pierden nada.

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