DAU. Degeneration: la serie rusa que convierte la vigilancia en una pesadilla psicológica

En otra de las manifestaciones de mis arrebatos culturetas, me dio por ver DAU. Degeneration, una serie rusa experimental tan peculiar por su propuesta como por su origen y su claustrofóbica puesta en escena que gira en torno al día a día en una institución científica secreta ubicada -se supone- en los suburbios de Moscú.

Se trata de un lugar sombrío y gigantesco en el que el ambiente opresivo, la permanente vigilancia de los comportamientos y la aplicación de la disciplina, el totalitarismo, más la violencia que campea, hacen que los personajes acaben sufriendo una deriva mental de consecuencias imprevisibles.

¿Qué es DAU. Degeneration?

DAU. Degeneration es una serie experimental rusa integrada en el gigantesco proyecto artístico DAU, una recreación extrema de la vida soviética que mezcla cine, performance y experimento social. En definitiva, una de las propuestas más peculiares de los últimos años.

Imaginada por los cineastas rusos Ilya Khrzhanovsky y Jekaterina Oertel, la producción sitúa en una institución soviética ficticia los rasgos más reconocibles de la paranoia, la rigidez y la áspera omnipresencia de las autoridades de la Unión Soviética.

Con este contexto como fondo, en DAU circulan ante los ojos del espectador un conjunto de tramas aparentemente vacías en las que el qué no es tan importante como el cómo: violencia, sexo, degeneración. Como en cierto modo refleja el título, en definitiva.

La vigilancia como protagonista

Desde luego, la serie se recrea en los aspectos más cotidianos y deja poco espacio a la presunta actividad científica que se desarrolla allí dentro. Se dará alguna pista durante los episodios, sin ser del todo claro, a través de lo que vamos viendo o escuchando, sobre todo, porque son muy frecuentes –frecuentísimas- las reuniones/conferencias en las que se abordan todo tipo de temas económicos o sociales y en los que, independientemente del nivel técnico de las charlas, asisten desde los más eruditos hasta las camareras de la cantina.

Incluso de vez en cuando hacen acto de presencia expertos norteamericanos para aportar datos de los que extraer información. Pero la sensación que impregna cada fotograma es que toda alusión a lo científico o académico no es más que papel mojado, pura materia insustancial.

Una de las líneas de investigación en el centro responde a esta obsesión por el control y al perfeccionamiento de la maquinaria de propaganda, algo que desde la dirección se lleva a rajatabla. Es un ambiente ultra enrarecido que transmite una sensación de opresión extraordinariamente conseguida, que alcanza al sofá donde estás presenciando todo y te genera no pocas muecas de estupefacción ante el devenir de los episodios. Más aún cuando el respeto inicial hacia las personas acaba diluyéndose en pos de la ingeniería para lograr el ciudadano perfecto.

Un descenso psicológico sin escapatoria

Sucede, por supuesto, que el libre albedrío revienta a poco que la sangre y las hormonas encuentran el resquicio. Y lo que debería ser una institución científica que uno imaginaría pulcra y disciplinada acaba convertida en un putiferio de borracheras nocturnas, sexo y desenfreno al que nadie parece poner coto.

El subtítulo de la serie, Degeneration, es suficientemente explicativo de todo esto, que no deja de ser una pildorita más o menos explícita en el contexto general de unos supervisores igualmente desmedidos y, por apuntar aún más alto, a un sistema que parece hallarse en el inicio de un colapso sistematizado.

A medida que pasan los capítulos se van extremando las situaciones. Y es que una de las cosas que llaman la atención es que, de una manera u otra, en todos los episodios vemos exactamente lo mismo y solo cambia un poco el entorno y las reacciones de los ajenos al núcleo de rostros más festivos del grupo.

Por empezar con algunos, vemos al primer director del centro, un tipo que no solo pasa de estas cosas sino que busca con ahínco el enriquecimiento personal y, de paso, aprovecharse en el sentido más abrupto de toda secretaria que se le cruce. Tantos son sus desmanes que hasta ‘los de arriba’ deciden pasaportarlo del cargo; aunque eso sí: como sucederá con otro personaje posteriormente, la patada siempre es hacia arriba, para evitar escándalos: otro rasgo más de la degeneración.

A este le sustituye un personaje siniestro en toda su acepción. Con un aspecto aparentemente bonachón, cuerpo grueso, gesto duro pero amable, gafas que le confieren mirada de topo y una voz profunda, es el rictus hierático de su lenguaje corporal, con esos hombros -u hombreras- anchísimos lo que le da plena credibilidad en todos los momentos en los que se pone a hacer memoria y a desvelar cómo ha torturado, matado o lo que hiciera falta para cumplir su misión. Cuidar de esta institución es una de sus misiones, añadamos.

Por eso, ahora que queda a cargo del Instituto, su concepto de la disciplina va a ser igualmente extremo. Broncas, castigos y amenazas que parecen decaer con el tiempo. Pero la mecha está prendida y este personaje recurre a una banda de violentos para que poco a poco vayan creando un caldo de cultivo de tensión y violencia en el que no todos entran pero que da lugar a situaciones que justifican el +18 con el que está catalogada la serie. Y, de hecho, la espiral de terror que imponen estos personajes va in crescendo con la venia del director hasta un episodio final en el que uno, directamente, alucina con la forma en la que se resuelven las cosas ante el beneplácito de las altas esferas.

¿Por qué DAU. Degeneration resulta tan incómoda?

Es una serie claustrofóbica, decíamos. Y lo es no solo porque las cámaras parecen fijas en cuatro o cinco estancias cerradas y muy cargadas sino por el hecho de que la gente que está allí parece presa. El final lo deja claro, por supuesto, pero a medida que pasan los capítulos y sobresale el descontento y la desgana de muchos de ellos uno va entendiendo paulatinamente que esas farras son, precisamente, lo único que hace más o menos soportable la vida en el complejo.

La galería de personajes es igualmente peculiar y uno se pregunta dónde han ido a buscar semejante mezcolanza de personalidades y de quién fue la idea de colocarlos a todos en la misma jaula (para esto habrá respuesta). Hay uno, que es el que le da nombre a la serie precisamente, DAU, que parece salido de algún tipo de accidente cerebrovascular que le ha dejado sin habla y sin apenas movilidad. Pero en vez de llevarlo a un hospital o a una residencia, le mantienen en una lujosa cárcel de oro en un ala del edificio en el que vive con su mujer y su hijo, un personaje peculiar con una psique en la línea de la cordura que enrarece aún más el conjunto.

Entendemos que Dau fue una vieja gloria por las medallas que adornan su traje y por el respeto que le muestran los visitantes, ante los que es exhibido casi como un fósil viviente. Puede que sea eso, un artículo de exposición ante el exterior y por eso niegan repetidamente dejarle escapar. Lo dicho: todo muy raro, muy exótico y tal y como los tópicos nos pintan la oscuridad de la Unión Soviética.

El experimento DAU: mucho más que una serie

Al margen de la historia que narra esta serie, la producción forma parte de una propuesta aún más amplia, todo un proyecto cinematográfico que duró más de una década, involucró a más de 400 personas y dejó hasta 700 horas de material. DAU. Degeneration es, por tanto, solo una pequeña parte de todo ese inmenso bagaje.

Se apunta a DAU. Natasha como la más destacada, pero la web del proyecto tiene un sinfín de películas y documentales sobre este particular universo que se desarrolló, además, en el que está considerado como el set de rodaje más grande jamás construido en Europa.

Pero la magnitud de la obra y de sus cifras palidecen ante el verdadero afán de los responsables: recrear una versión extrema de la vida en la Unión Soviética de la época de Stalin. Para ello, se ‘reclutó’ a decenas de personas, a quienes se les propuso vivir, cual ‘Gran Hermano’, en las instalaciones creadas, sin un guión claro y con el milimétrico rigor de ajustarse a la época que pretendía recrear. Un experimento, casi más que una obra de cine, que se replicó hasta el más mínimo detalle.

Preguntas frecuentes sobre DAU. Degeneration

¿Qué es DAU. Degeneration?

DAU. Degeneration es una serie perteneciente al proyecto artístico DAU, ambientada en una institución científica secreta de la Unión Soviética donde el control, la vigilancia y la violencia marcan la vida cotidiana.

¿Está basada en hechos reales?

No de forma directa. Aunque se inspira en el contexto histórico de la Unión Soviética y en la cultura de los institutos científicos soviéticos, su historia es una ficción con elementos experimentales.

¿Quién creó el proyecto DAU?

El proyecto DAU fue creado por el director ruso Ilya Khrzhanovsky como una propuesta cinematográfica y artística experimental que combina ficción, improvisación y performance.

¿Por qué DAU. Degeneration es tan polémica?

Ha generado controversia por sus métodos de producción, el tratamiento de la violencia y la frontera difusa entre ficción y realidad.

¿Qué temas aborda la serie?

Explora el poder, la vigilancia, el autoritarismo, la violencia, la manipulación, la identidad y el deterioro psicológico dentro de un sistema opresivo.

¿Dónde se puede ver DAU. Degeneration?

La disponibilidad depende del país y de las plataformas que tengan los derechos de distribución. Conviene consultar los servicios de streaming especializados en cine experimental.

¿Es una serie de terror, drama o ciencia ficción?

Es principalmente un drama psicológico y experimental con elementos de thriller, cine político y distopía.

La idea está dejando momentos de puro cine, pero también un enconado debate acerca de los métodos usados entonces y ahora. “Cada participante, cada miembro de la tripulación que estuvo involucrado, tiene su propia verdad sobre ‘DAU’”, según la codirectora Jekaterina Oertel, en palabras que recoge Fotogramas.

Para algunos fue un rodaje particularmente inusual, para otros un desafío de vida inolvidable. Hubo personas que trabajaron durante años e hicieron un gran trabajo, y otras que se fueron porque no entendían lo que estaba pasando. Somos todos libres para decidir si aceptar un desafío o rechazarlo”, concluye.

DAU. Degeneration no es una serie cómoda ni pretende serlo. Su mayor virtud y su mayor problema nacen del mismo lugar: la sensación de estar asistiendo a un experimento que se ha escapado de las manos.

Esta capacidad para convertir el visionado en una experiencia casi tangible conecta con otras propuestas cinematográficas extremas, como Sátántangó, donde Béla Tarr utiliza el tiempo y la inmovilidad como herramientas para construir una atmósfera de desesperanza.

Más que contar una historia, DAU construye un ecosistema de poder, miedo y degradación donde la pregunta no es qué ocurre dentro de la institución, sino cuánto tiempo puede resistir alguien antes de formar parte del sistema que lo oprime.

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