Tadej Pogačar, el ciclista que pedalea hacia la leyenda

Ganar un Mundial de fútbol es algo que se queda indisolublemente ligado a la memoria. Y venimos de una semana que habremos de recordar por siempre, como aquella de 2010. Pocos deportistas actuales los generan con tanta frecuencia como Tadej Pogačar  (Liubliana, 1998), campeón del Tour de Francia 2026 y ya una de las mayores leyendas del ciclismo. 

El fútbol nos deja noches así -al menos- cada cuatro años. Pogačar nos regala gestas memorables casi, casi, cada semana.

La grandeza de Tadej Pogačar no reside únicamente en sus victorias. Su legado nace de la forma en que corre: agresiva, imprevisible y espectacular. Kryptonita para el resto, especialmente para Jonas Vingegaard, otro excelente ciclista que no le alcanza, pero que también podía haber estado llamado a marcar una época.

Y como en su día hablé de Federer, creo que es justo adelantar este homenaje-recuerdo-chivato a este momento, en plena vigencia de machacona tiranía en el ciclismo mundial, y no esperar a su retirada.

Tal es el hambre aún parece que tenga virgen el cuaderno de episodios de leyenda.

Porque lanzo esto al aire aún con el eco en las calles de París de su último triunfo: su quinto Tour de Francia. Es el último que le equipara con los marcianos que quebraron la estadística en su día. Pogačar iguala el registro de Eddy Merckx, Anquetil, Hinault e Indurain, un grupo reservado a los mayores campeones de la historia del ciclismo. 

El año que viene ¿quién parará a este tipo en su ascenso a la cima de la historia?

Por hoy celebra este nuevo amarillo. Pero el fenómeno Pogačar no se explica únicamente por esta casi inmaculada trayectoria en la carrera más célebre. 

En su palmarés hay un Giro de Italia y -casi- todas las grandes clásicas del ciclismo: Lieja-Bastoña-Lieja, Tour de Flandes, Milán-San Remo y París-Roubaix.

¿Qué hace diferente a Pogačar?

Su popularidad, en mi opinión, radica en dos aspectos. Uno es la versatilidad. El privilegio de un físico y una mentalidad capaces de afrontar la más exigente de las carreras por etapas o las clásicas más codiciadas.

Esa genética le permite aspirar a cualquier cosa que se desarrolle en bicicleta. Es un caso relativamente similar al de Van der Poel o Van Aert, que actualmente también son dos de los ciclistas más heterogéneos y capaces por su desempeño en el ciclo-cross o, ya en confrontación directa con Pogacar, con los Monumentos.

Las luchas sin cuartel entre los tres me llevan al segundo pilar que encumbran a Pogačar -y también a estos rivales, hay que reconocerlo-: la popularidad, el estilo y la sangre caliente

El esloveno es capaz de pasarse el libro de tácticas de siempre por el arco del triunfo de París y desafiar a la lógica atacando cuando le viene en gana.

Con él no hay que esperar a los últimos 800 metros de una etapa alpina: a este tipo le hemos visto cabalgadas de más de 100 kilómetros para ganar un Mundial, por ejemplo.

Semejante despliegue de poder tiene que ver con su superioridad manifiesta, con una autoconfianza extrema, una ambición desmedida y una forma de vivir el ciclismo que supera, con mucho, las expectativas de todos los aficionados. Su manera de correr nos ha despertado del letargo.

Con apenas 27 años, Tadej Pogačar ya pertenece al reducido grupo de ciclistas que han marcado una época. Si mantiene este nivel, la discusión dejará de ser si es el mejor de su generación para convertirse en si estamos viendo al mejor ciclista de todos los tiempos. 

Por todo ello hoy queremos darle este breve homenaje escrito por todo lo que nos está volviendo a entusiasmar. Las clásicas, los mundiales, las grandes vueltas… da igual que los rivales ya le teman o que desde la tele estemos esperando el estacazo: cuando arranca, es pura vibra. Pura poesía.

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