Ascenso y algo más: el verano que puede cambiar al Rayo Majadahonda

No quería dejar de sumarme a la extraordinaria alegría de un ascenso más que merecido. Al fin se consiguió este objetivo que se ha ido rondando, con mayores o menores argumentos, en temporadas precedentes y que nos devuelve a la 1.ª RFEF. Ha sido un año excelso y, aunque la clasificación se haya cerrado de una manera tan agónica y ajustada, no debe esconder que este Rayo Majadahonda entrenado por Guille Fernández pasó buena parte de la competición como líder (muy) destacado.

Llegaron las curvas, los inevitables baches y, con ellos, las dudas. A quienes veíamos por el retrovisor como una mancha en la lejanía los descubrimos una mañana por delante de nosotros. ¿Qué había pasado para llegar a eso? Desgaste, cansancio, lesiones, la puntería que va y viene… Sea como sea, este equipo ha mostrado carácter y un mérito que no siempre sale a relucir en casos similares: el de sobreponerse a estas circunstancias y no abandonarse.

Y eso ha sido trascendental en una última fase del campeonato en la que se ha recuperado el terreno perdido hasta llegar a un final de curso en el que el equipo dependía de sí mismo, algo que hizo valer el último día ante uno de los equipos descendidos. No hubiéramos soportado irnos de vacío aquel último día.

Se consigue el ascenso y, una semana después, celebraciones, homenajes y alegrías mediante, creo que es momento de reflexionar acerca del futuro. De aprovechar este feliz suceso como un punto de inflexión para diseñar qué vendrá en los próximos años. Dado que nos vamos a ahorrar la inversión del techo del Cerro del Espino (entiendan la ironía), ¿se hará lo mismo con los jugadores?

La estrategia vista casi desde el año de Segunda, la de ir montando un equipo sobre la marcha esperando que suene la flauta, te aboca a una situación delicada constante: si no coordinas las piezas pronto, te quedas atrás; y si funciona, tienes todas las papeletas para que el equipo se desmantele cuando llegue junio.

¿Qué pasará ahora? Estoy ciertamente expectante con lo que ocurra este verano con la configuración de la plantilla. Jugadores como Pol Prats, Amaro, Ilies, Yoshimura, entre otros, darían un buen nivel en la categoría superior, seguramente, pero no sé qué condiciones tienen ni si su continuidad será un buen negocio para todas las partes.

Intentar montar un equipo con contratos a más largo plazo podría ayudar en este sentido: crecen ellos, pero también el vestuario.

Tengo expectativas, decía, porque este verano es el primero que vive la nueva propiedad del club, encabezada por el empresario mexicano Javier Ruiz Poo. Entre las frases que dejó el ascenso volvió a resonar la firmeza con la que defiende un futuro del Rayo Majadahonda en el fútbol profesional.

Es bonito tener buenos deseos, pero ir con esa ambición por delante nos hace querer subirnos al carro. Cómo lo consiga —si lo consigue—, ya veremos…

Pero la primera prueba de fuego para su chequera llega ahora, y eso es algo que quiero ver. Como mero espectador y aficionado, obviamente. Tengo mucha curiosidad por asistir a cómo se gestiona este momento y cómo se forma un equipo que, recalco, espero que mire un poco más al medio-largo plazo que a tapar urgencias inmediatas.

Sé que la 1.ª RFEF es especialmente lesiva para los equipos recién ascendidos y no espera a nadie, así que, se haga lo que se haga, que se acierte, por el bien de todos.

Lo que parece que no cambiará es la continuidad de Guille Fernández como técnico. Y bien, porque igual que con los jugadores hemos asistido a un carrusel de caras muy variopinto, tampoco en el banquillo se había encontrado esta estabilidad.

Fernández es un tipo cabal, sencillo, que ha sabido motivar a todos, aportar soluciones y calma cuando ha sido preciso y, sobre todo, ha sido muy ortodoxo en sus decisiones: ha hecho cosas lógicas y los resultados le han acabado dando la razón.

Bueno, dejémoslo aquí, que ya habrá tiempo para desgranar estos movimientos en los despachos. Por el momento, también querría instar a quien lo lea —o a quien se lo cuenten— a aprovechar igualmente el éxito para considerar realmente que un partido del Rayo Majadahonda es una buena opción de ocio para el fin de semana.

Porque el día del ascenso el estadio estaba casi lleno, con un fondo repleto, un gran ambiente y todo muy colorido. Pero sabemos que eso no es, ni de lejos, la realidad del día a día. Y no hablo de los días de frío, viento y lluvia, sino de cualquier día: el Cerro del Espino es el campo más grande del mundo, imposible de llenar.

Habrá que ver el precio de los abonos, cómo se publicita en el pueblo, la política con las invitaciones a la cantera, la ‘evangelización’ en nuevos escenarios… la categoría superior jugará a favor de la asistencia, pero me temo que, o cambia mucho la cosa, o ¿habrá que contar nuevamente con aficiones rivales que nos ganen en número en nuestra propia casa?

Muchas cosas en las que pensar. Un buen reto, en cualquier caso. Una alegría, no vayan a pensar. Qué ganas de que el nuevo curso empiece ya.

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