Magnum. El cuerpo observado. La criba del buen fotógrafo

Ciertamente la fotografía encuentra definiciones de todo tipo, relacionadas muchas veces con la técnica, otras con lo estrictamente objetivo y documental y, las más, con la manera en la que cada camarógrafo es capaz de captar e interpretar la realidad que le rodea o que visita. Lejos de meterme en tal jardín, más propio de filosofía y de unos conocimientos que estoy lejos de poseer, sí que entiendo como una certeza el hecho de que la imagen, más en estos tiempos, es una manera de acercarse a espacios y territorios comunes. Y es precisamente en este campo, en el de la uniformidad temática, donde existe un caladero realmente efectivo para cribar a los mejores fotógrafos.

Y por seguir profundizando en el argumento, qué mejor ejemplo de estos tópicos que el propio ser humano, que es lo que tenemos más a mano -literalmente-, para destacar a los diferentes, a los que te plantan una imagen y son capaces de despertarte una sensación y un mensaje: así veo yo esto. Y no te queda otra que admirar esta capacidad, cuando no de envidiarla directamente en caso de que tengamos alguna ínfula de gloria en este campo.

Reconozcamos que ambos sentimientos -la admiración y la envidia- se reparten a raudales a la media luz de la última exposición que nos trajo Fundación Canal, la muestra ‘Magnum: el cuerpo observado‘. El motivo es este nuevo capítulo del idilio de la sala con la agencia Magnum que, en este caso, presentaba una selección de imágenes de algunos de sus fotógrafos articuladas en torno a uno de esos escenarios que todos tenemos y exploramos, con mayor o menor precisión: la figura humana.

La nómina de la agencia da para que los fotógrafos ‘invitados’ para esta ocasión configuraran un lienzo heterogéneo en cuanto a estilos y épocas, creando un mosaico en el que lo evidente, en ocasiones, quedaba un tanto desdibujado por la densidad del mensaje que se retrata en las imágenes. Tal es la importancia de los momentos, más allá del propio tema de la muestra.

Y aún así, el ejercicio de reflexión que se establece en el triángulo que forman ojo (del fotógrafo), cámara y espectador concluye en un retablo que deja al aire el argumento con el que comenzábamos este breve relato: que solo los mejores son capaces de subyacer sobre el resto aún con el mismo material, con el mismo punto de partida.

La exposición contaba con otras de, entre otros, Eve Arnold, Werner Bischof, Alex Soth o los españoles Miguel Río Branco y Cristina García Rodero, lo que sin duda era un reclamo en sí mismo. Y en esas estaba yo, con la idea de recomendar la visita a quienes quisieran un plan diferente durante los próximos días, antes del cierre previsto de la exposición, que estaba fijado, prórroga mediante, el 4 de abril.

Sin embargo, la pandemia, que no nos está dando tregua, quiso adelantar los plazos y precipitar el cierre por confinamiento de la zona. Mala suerte para los más rezagados o quienes estuvieran dispuestos a darle una segunda mirada a las imágenes. Afortunadamente, y ya que Fundación Canal ha hecho el esfuerzo y yo he llegado escribiendo hasta aquí, subieron en su web una maravillosa funcionalidad que permite una visita virtual con una calidad excelente y que será casi casi como estar allí. Pueden acceder a la misma a través de este enlace: https://www.fundacioncanal.com/visita-virtual-magnum/

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