Clase magistral de Ricardo Terré, el fotógrafo de la paciencia

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Nos van a disculpar, porque con la última exposición de Ricardo Terré en Madrid, que echó el telón hace una semana larga en la sala Canal, llegamos tarde. Fue muy al borde de su cierre cuando pudimos admirar in situ algunas de las imágenes más icónicas de este fotógrafo catalán. Además, obra al margen, la muestra también exhibió buena parte del legado teórico sobre su trabajo que dejó antes de fallecer en 2009, y que constituye una filosofía a la que todo fotógrafo (o aspirante a serlo) debería atender.

Hablemos de él como el fotógrafo de la paciencia. Hay muchos y buenos argumentos para catalogarlo así. Lo más evidente es comprobar cómo sus imágenes tienen varios lugares comunes que apuntan en esa dirección. En primer lugar, casi de forma exclusiva, hace fotos de personas. Pero no retratos; o al menos no tan evidentes, no a base de posados, sino capturando las escenas de tal modo que estaríamos en una clarísima antesala de lo que hoy llamamos fotografía de calle o street photo, que suena aún más cool y moderno pero que, en realidad, no inventa nada.

Fotografías que cuentan historias

Puede que la foto de Terré tampoco. No parece que, a tenor de sus palabras, existiera tampoco semejante pretensión: “Tuve la suerte de no nacer divo”, reconocía. “Yo aprendí fotografía porque creé mi esquema bajo mi concepto, que encontré o fabriqué”. Y es que no había ningún riesgo aparente en sus tomas, como él mismo explicará. No hay angulaciones radicales, ni tratamientos de imagen agresivos, ni temáticas que le sitúen en lugares exóticos, lejanos o acaso inaccesibles. Es un fotógrafo de la paciencia, pero también de la proximidad, de lo que tiene más a mano geográficamente -muchas de sus tomas se hacen en su pueblo natal- o simbólicamente -la Semana Santa española, tan pasional- o el Carnaval, tan desinhibido.

Prolegómenos de una procesión de Semana Santa en Barcelona
Prolegómenos de una procesión de Semana Santa en Barcelona

Pero, aun en escenarios tan trillados, se manifiesta como un fotógrafo -y aquí va otra característica- de “duende”, de los que pasan por ahí y, sencillamente, encuentran la foto. Íntimamente relacionado con ello es el título de la exposición: ‘La fotografía que sale al paso’. Hay truco, claro, esto no es tan fácil. Él encuentra ‘la foto’ porque puede ser que la foto le esté esperando: sólo quedaba verla, que es lo mismo que accionar el obturador. Y ese tema de la espera es otra de los denominadores comunes de su obra.

En el pequeño auditorio de la sala Canal, donde tuvo lugar la exhibición, siempre se proyecta un pequeño documental sobre la vida, obra y milagros del protagonista cuyas obras llenan las paredes que sostienen esta estancia. Dicho sea de paso, eso ya es un buen motivo para no perderse una. En este caso, y ya que no podemos animarles ya a ir la exhibición, nos vamos a centrar en ese documental, elaborado ex profeso para el tiempo que estuvo abierta la muestra y del que les destacaremos alguna de las ‘píldoras’ que más nos han llamado la atención. Pero primero, aquí lo tienen completo:

Merece mucho la pena. Por resumir y destacar algunas citas, empecemos por aquellas que versan sobre su mirada, por la forma tan personal que tiene Terré de entender la fotografía. Aunque sea poco académico decirlo, vistas las situaciones en las que se mueve, me parece un tipo de imagen actual en el sentido de que el hombre acude a un evento, y dispara, algo que todos hacemos en cualquier oportunidad que tengamos en el horizonte. Él sabía encontrar la pausa en ese instante:

“A mi me interesa del Carnaval donde se agrupa la gente y donde esta gente pueda crear situaciones que sean fotográficas. Ahora, cuando voy yo a hacer estas fotos no pienso en hacer tal foto o tal otra. Voy allí y me sale al paso una foto y la hago”

“La fotografía no se fabrica, la fotografía te sale al paso”

El estilo pretendidamente casual de su fotografía, esa espontaneidad, esa frescura… ¿momentum frente a técnica?¿estilo o planificación?

“Sin la técnica no se puede ir a ninguna parte ni nada; ahora, basar una fotografía en la técnica, esto ya es perder el tiempo. La técnica no justifica una foto”

“Mis fotos tienen una composición intuitiva. Yo cuando veo por el visor sitúo el punto fuerte de la fotografía dentro del recuadro del visor, en la zona donde más fuerza aporte. Pero esto no lo pienso al fotografiar, sino que yo encuadro la foto y disparo en el momento que tiene más fuerza: ahí es donde ya nace una composición”

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Sobre la fotografía digital:

“Esto de la fotografía digital… es un peligro enorme para el fotógrafo. Eso de encontrarse frente a algo y disparar 40 fotos para luego buscar cuál de ellas puede interesar… esto quita agudeza fotográfica al individuo que maneja la cámara”

“Yo creo que la fotografía digital tiene este peligro, que nos habitúa a disparar como si fuera una ametralladora y luego buscar, entre todos los difuntos, quién es el más guapo”

Otro de los ‘secretos’ que desvela Terré en aquella entrevista de 2008 era cómo diluirse entre la gente le ayuda a hallar modelos más desinhibidos y dispuestos, lo que le permite acercarse más a la escena:

“He fotografiado siempre con un 28mm, con lo cual me obliga a acercarme a 80, 60 o un metro de distancia. Siempre las hago de frente, cara a cara, y jamás me he encontrado con una persona que me haya prohibido que le sacara una foto”

La espera, la muerte.

Y hecha la foto, ¿qué? ¿Tiene o puede tener ese negativo un valor para el que contempla la copia?

“La fotografía tiene que tener interés para toda la humanidad, no para una persona determinada. Si una fotografía no tiene interés universal no cumple con la función. O sea, cualquier hecho denunciado con la fotografía debe ser legible por cualquier persona, y es ahí donde está mi interés”

Esto es únicamente un breve resumen. Entre estas pequeñas notas próximas a la clase magistral, también hay anécdotas, como la historia que dio lugar a su fotografía más conocida, la de la niña bizca. Un relato que enmarca la dimensión humana de su hacer y transmite el potencial de la imagen como hilo conductor de vida.

La niña bizca de comunión es una de sus mejores fotos y guarda una bella historia detrás

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