Brassaï, la fotografía fácil más difícil

Montmartre. 1930-31 | Brassaï/Estate Brassaï Sucession, París
Montmartre. 1930-31 | Brassaï/Estate Brassaï Sucession, París

Hay quien, atendiendo a las noticias, se sorprende de cosas que ocurren apenas a unos metros de su casa. Tal es la absorbente rutina o, directamente, la ausencia de curiosidad. Sin embargo, la vida es eso que ocurre cuando no miras. Y a veces -las más-, incluso cuando ni siquiera estás ahí. Por eso, colecciones como las de Brassaï (1899-1984), expuestas estos días en la sala Recoletos de Fundación Mapfre, sean como una botella lanzada al océano con un mensaje: tened los ojos abiertos, y os sorprenderéis.

Su trabajo tiene un mérito increíble. Primero, porque nos descubre una palpitante vida oculta en la que puede ser la ciudad más fotogénica del planeta, París; además, porque su perspicacia no es casual. Hay, en cada toma, en cada tema, y en cada instantánea la intención de estar ahí, de aprehender y de mostrar, plenamente consciente del potencial de lo que le rodea. Curioso irredento.

Apagando una farola, rue Émile Richard c. 1932
Vista desde el Pont Royal hacia el Pont Solférino c. 1933

Una de las últimas salas de la muestra ofrece alguna de sus incursiones en el campo de la escultura y del dibujo. Nacido en RumaníaGyula Halász llegó a la ciudad de la luz para desarrollar su labor como periodista que previamente había ejercido en Hungría y Berlín. Pero su gran pasión siempre fue el arte. Y aunque en ese ámbito se dedicó al cuerpo humano principalmente, mucha de su vis más pictórica también se halla en su fotografía, desde la primera a la última que se ofrece al visitante. Y es que también hay mucho de costumbrismo en su obra. Son, principalmente, escenas de lo que ocurre.

Para algunas de estas temáticas basta con pisar la calle. Tan fácil como eso; tan díficil como tener la paciencia, la percepción afinada y, por supuesto, la técnica. Aquel París daba para tanto o más que el actual. Sus negativos han inmortalizado las paredes aún heridas por la reciente guerra, llenas de carteles de productos e incluso -hoy los llamaríamos así- de grafitis. Y de gente, claro. De personas que caminan, que pululan por ahí, que se sorprenden en un rincón porque aparece un cadáver pero que, una vez que el cuerpo desaparece, pasan de largo por el lugar y nada parece haber pasado.

Apagando una farola, rue Émile Richard c. 1932 | Brassaï/Estate Brassaï Sucession, París
Apagando una farola, rue Émile Richard c. 1932 | Brassaï/Estate Brassaï Sucession, París

O de noches de luz de gas en las que las sombras se alargan y los perfiles se acentúan, en las que el misterio cubre cada rincón y de las que surgen personajes de los bajos fondos que, por una vez, se convierten en protagonistas, en el primer plano, en el objeto de deseo de alguien, tan diferente a tantos otros que les evitarían y le retirarían la mirada.

Pero el fotógrafo no solo no rechaza este contacto sino que lo busca, dejando un catálogo de la noche parisina más refinada o, por el contrario, de burdeles frecuentados por los pillos de la época que, aun con gesto hosco, no dudan en someterse al escrutinio del objetivo del fotógrafo. El resultado es una galería de personajes y situaciones tan morbosa como atrayente de lujo y de perdición a partes iguales y de libertinaje mal disimulado.

Chez Suzy. 1931-32
Chez Suzy. 1931-32 | Brassaï/Estate Brassaï Sucession París

 

 

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