Me voy a meter en un lío al escribir esto porque a saber quién está al otro lado, escuchando. Voy a usar palabras sensibles como CNI, espías, rusos, CIA y quién sabe cuántas alusiones a todo tipo de prácticas ilícitas y mafiosas.

Pongamos que El Centro es una ¿ficción? en forma de serie que se puede ver en Movistar+. Aunque el protagonismo es esencialmente coral, se puede decir que Juan Diego Botto es el que aglutina más líneas de guión. Su personaje viene a ser algo así como el segundo en el Centro Nacional de Inteligencia. Es un tipo muy frío, muy cerebral, muy calmado, pero con un ansia incontenible de ejercer un liderazgo humano bajo cuyo mando hay un equipo que responde a lo que uno debiera esperar en semejantes producciones.
Es una serie española, y reconozco que mantengo algún que otro prejuicio respecto a ellas. En esta he salido gratamente sorprendido por algunas cosas. La primera es que el guion es relativamente sólido, se sostiene más o menos bien. Aún siendo cierto que, vistos los seis episodios que conforman el conjunto, tampoco acabaremos con la sensación de estar ante la trama más absorbente del mundo.
Hay giros, alguna que otra sorpresa, y el tema da para mil y un vericuetos con topos e infiltrados. Y todo se aprovecha más o menos. Otro de los méritos es que, a diferencia de otras series patrias, no se pierde en memeces como romances ajenos, tramas secundarias o la recurrencia a chascarrillos que no vienen a cuento. El Centro se mantiene centrado, valga la redundancia.
Sucede, no obstante, que las interpretaciones son terribles. No se podía esperar gran cosa, pero es que son malas de solemnidad. Hay una carencia de química entre casi todos ellos que te escupe a los ojos, casi dolorosa. Apenas algún detallito de Botto o algo de Tristán Ulloa -caracterizado como uno de los ‘malos’- le da algo de empaque.

Del resto no sé si penaliza mucho la recurrencia a los tópicos o la brevedad de la producción como para que no les dé tiempo a desarrollarse mucho. O a que simplemente se aprendieron sus líneas media hora de antes de ponerse a grabar. Pero el resultado son actuaciones forzadas, con diálogos poco creíbles y carentes de ritmo y, en definitiva, una absoluta resignación con los trazos gruesos de su papel.
Pongamos, por caso, el de Elsa, la periodista Elsa, interpretada por Elena Martín. Me ha llamado especialmente la atención porque, además de soltar frases que parecen no venir a cuento, como si fuera con retardo, mantiene un volumen y un tono que no tiene nada que ver con sus interlocutores. Es como si reaccionara tarde o directamente fuera a su bola sin importarle quién tenga delante. ¿Te has aprendido tus líneas? Bien, pues suéltalo cuando te parezca. Algo así.

Si ni los actores se lo creen, ¿cómo hará el espectador? Una pena, porque el potencial de la serie es muy bueno. El tema se presta y resulta interesante atisbar los métodos de estos espías, la forma que tienen de influir, etc. Todo ese tipo de cosas que suceden en la sombra y que aquí, personalmente, es casi lo que más me atrae de la producción.
Habitualmente me suele repugnar la condescendencia que tienen muchas de las series españolas para con el espectador, al que suelen tratar como imbécil. Esta infantilización no se da aquí. Pero no por ello se pierde el tono, tal debe ser la costumbre de nuestros actores, que obviamente no se sabe bien si actúan para ellos, para el director o para darle todo mascadito al que ‘paga la entrada’. Eso es extensible no solo a este papel, sino a todo el elenco.

Acabó la temporada, y la olvidé. Sin más. Se anunció una segunda temporada que no sé muy bien cuándo se estrenará, pero que no me explico muy bien. ¿Que fue lo más visto de la plataforma durante sus semanas de estreno? Bueno, tampoco es que M+ tenga una variedad extraordinaria. La gente, a veces, me sorprende. Si una de las mejores cosas que se podían decir de esto es que era cortita, veremos si estirar el chicle no acaba dejando a la vista aún más las costuras que ya anticipa. A mi ya no me verán en eso.
