Más que una aventura, un salto al vacío solo digno de los pioneros que abrieron caminos, ‘A Oriente por el norte’ narra en primera persona el viaje de Charles y Anne Morrow Lindbergh en 1931, con el cual, partiendo de Nueva York, volaron en varias etapas hasta China. La narración de Anne Morrow, no obstante, no versa tanto sobre lo técnico de una ruta apenas imaginada, sino de su experiencia propia para hacer frente al viaje, las vicisitudes y retos a los que tuvo que enfrentarse, y las vivencias en tierra con la gente con la que va compartiendo su tiempo.

En este sentido, la obra traslada buena parte de la magia de lugares absolutamente remotos (eso no ha cambiado hoy en día), así como el exotismo de pueblos que, aún por aquella época, vivían en un aislamiento que alentaba el choque cultural. Sin embargo, la mujer es capaz de trasladar todas estas vivencias con una sensibilidad y una curiosidad que suaviza cualquier dificultad y que delata la bonhomía de sus objetivos.
Tal es así que, como destaca la editorial, Nórdica, ‘A Oriente por el norte’ fue la primera obra en ganar el National Book Award de no ficción y se mantiene como un excelente ejemplo de esta literatura de viajes que aún era capaz de descubrir entornos vírgenes, en cierto modo.

La lectura resulta absorbente por lo inesperado que acaece al aterrizar. Hay momentos de tensión en algunos vuelos: no dejemos de lado el año de la expedición -1931- y la envergadura de la misma. La logística, por ejemplo, es un aspecto que copa buena parte del arranque de la novela, el cómo preparar el material y anticipar las dificultades que podrían acaecer. De la misma manera, es interesante atender a la evolución de la autora como operadora de radio partiendo de cero, una posición de responsabilidad absoluta en ese contexto.
La historia va en realidad de retos y desafíos, de valentías de esas que empujan no de forma temeraria sino con la idea de abrir caminos y hacer historia. Y aunque el periplo de la pareja ya debe ser recordado, son esas vivencias personales las que, de verdad, van articulando la lectura.

En cuanto a la experiencia como lector, he de decir que, pese a lo atractivo de la premisa y mi sincero interés en la aventura, me costó darle fluidez. No es que esté mal escrito, al revés: es sencillo, tiene cierta gracia y no se pierde en descripciones que podrían haber sido tediosas. Pero hay algo que no me acabó de enganchar del todo, tal vez ese buen rollo permanente. Ya he mencionado que hay tensión en momentos concretos: hay vuelos ‘emocionantes’, por decirlo de alguna manera, cuando amenaza la niebla y uno pilota a ojo. Pero, en general, le falta transpirar algo de peligro. De hecho, solo en la última parte de la aventura esto cambia diametralmente y, amén de un final inesperado, deja pasajes capaces de dejarte en vilo.
Al margen de esta obra y sus exploraciones, Anne Morrow Lindbergh tuvo una vida intensa en lo personal y en lo literario. Antes de fallecer en 2001, había dejado para la posteridad una decena de libros que, Wikipedia dixit, tocaron todo tipo de géneros. Pero como sucede en ‘A Oriente por el norte’, puede que su labor no fuera tan valorada en cuanto a las letras como a la visibilización de la mujer en una sociedad en la que aún tenían que demostrar mucho más que sus parejas, como era el caso.
