Año Nuevo en China: dentro de la mayor fiesta del planeta

Desearnos un feliz año nuevo en pleno mes de febrero no es algo habitual. Sin embargo, al menos una de cada cinco personas del planeta celebra en esas fechas el Año Nuevo Lunar, también conocido como Año Nuevo chino, la fiesta más importante del calendario en China.

Evidentemente, la estadística está casi monopolizada por China. Por su inmensa población, por la diáspora global de sus ciudadanos y por su posicionamiento geopolítico, el país es el centro neurálgico de unas festividades que también se celebran con gran efusión en otros países asiáticos y que cada vez están más presentes en las ciudades de Occidente.

En Madrid, por ejemplo, el barrio de Usera se transforma en estas fechas. Año tras año, el programa de celebraciones del Año Nuevo chino en Madrid es más extenso. Caben, entre otras cosas, rutas culinarias, actividades culturales o ese pasacalles cada vez más multitudinario y colorido.

Ahora bien, ¿se parece en algo lo que se hace aquí a lo que ocurre allí? ¿Cómo es vivir esta gran fiesta china en su propio territorio?

Es la primera vez que puedo contestar a esa pregunta tras vivir el Año Nuevo Lunar en China. Y la realidad…

Viajar a Guangzhou durante el Año Nuevo Lunar

El día clave en este 2026, Año del Caballo, fue el 17 de febrero, cuando tuvo lugar el cénit de las fiestas. Yo aterricé en Guangzhou (Cantón) el día 13 y, ya desde que sales del avión y enfilas hacia la zona de taxis, la diferencia con otras veces que estuve aquí salta a la vista: mucho más movimiento en el aeropuerto y, sobre todo, una decoración aún más vistosa de lo habitual.

Esa va a ser una de las constantes durante esta visita. La ciudad —y diría más, todo el país— se pone guapa por dentro y por fuera.

Proliferan los farolillos y pareciera que cada chino tiene asignado un árbol, porque en casi todas las calles y espacios públicos hay decenas de farolillos colgados. En cada negocio y en cada puerta de vivienda también han colocado esas tiras rojas tan características con todo tipo de eslóganes que llaman a los buenos augurios.

Farolillos, caballos y calles decoradas por todo Guangzhou

Por supuesto, también abundan las figuras de caballos, dado que este es su año dentro del calendario zodiacal chino. Las hay de todo tipo de tamaños y formas —incluso algún caballo real pululando por ahí—.

Aunque el rojo es el color predominante en esta simbología, los menos apegados a la tradición se muestran sin complejos con figuras de todo tipo de colores y adornos luminosos.

Pero más allá de la decoración y el merchandising equino, hay un aire diferente que se respira en el ambiente.

Es el mismo escenario de siempre: ciudades de una magnitud gigantesca, bloques de viviendas colosales, miles de motos que van y vienen y, por supuesto, millones de personas enfrascadas en sus actividades cotidianas.

Sin embargo, si has visto esos mismos lugares hervir en otras épocas, enseguida percibes que todo está como a medio gas.

Chunyun: la mayor migración humana del planeta

La razón es que estamos en las celebraciones más importantes del calendario chino: el Año Nuevo Lunar.

Son fechas en las que buena parte de la población aprovecha para tener unos días de descanso. Y eso, en un país donde las condiciones laborales aún están por equipararse a las de otras latitudes, supone que haya todo tipo de negocios que directamente echan el cierre durante estas jornadas. Es algo parecido a un agosto español, por entendernos.

Se percibe, por tanto, menos gente y mucha menos actividad. En nuestra zona —excluyendo centros comerciales— podría cifrar en torno a un 60 % la cantidad de tiendas y restaurantes cerrados.

No se trata únicamente de un descanso al uso, sino de toda una corriente que define la considerada como mayor migración humana anual del planeta.

Dado que estas megaciudades se nutren principalmente de personas llegadas de otras provincias o de zonas rurales, durante el Año Nuevo Lunar se produce el movimiento inverso: el de regresar a casa para estar en familia. Este fenómeno tiene incluso nombre propio: Chunyun.

Las cifras son espectaculares. Solo durante estos días en 2025 se contabilizaron más de nueve mil millones de desplazamientos, y para este año la previsión era incluso superar esa cifra.

Eso explica las imágenes de mareas humanas que nos llegan desde aeropuertos, carreteras o, sobre todo, desde estaciones de tren.

Personalmente, no dejo de asombrarme ante la magnitud de la estación sur de Guangzhou que, incluso viéndola relativamente vacía, es capaz de transmitir lo que supone mover tanta gente. Sencillamente, es otra escala.

Qué se come durante el Año Nuevo Lunar en Cantón

Hay otra cosa muy ligada a la cultura china que adquiere aún más notoriedad durante el Año Nuevo chino: la gastronomía.

A veces me da la impresión de que a los chinos les da igual el motivo. Lo importante es reunirse en torno a una mesa y ponerse hasta arriba. Buena filosofía, desde luego.

Los banquetes abundan, y eso implica reuniones familiares en mesas redondas con plataformas giratorias en las que se van colocando todos los platos, que son muchos y variados. Los restaurantes, algunos de tamaño XXL, están a rebosar.

Además, tengo la suerte de que en Guangzhou, la capital de Cantón, lo culinario es casi una religión.

Campos fértiles, un río inmenso y la proximidad del mar hacen que los menús presenten una variedad inusitada incluso para los estándares chinos.

La cocina cantonesa es suave: los sabores intensos o picantes que caracterizan otras regiones aquí palidecen un tanto. Hay mucho al vapor, mucho pescado, mariscos, pollo al estilo cantonés —nada que ver con el de Beijing— y un sinfín de platos con el arroz como protagonista o con los dumplings, una creación de la zona que hoy se come en todo el mundo.

Todo muy sano y delicioso.

Sobres rojos, mandarinas y flores: símbolos de prosperidad

Entre las tradiciones chinas de estas fechas hay una que seguramente haya trascendido fronteras: la entrega de sobres rojos.

No es algo exclusivo de estos días —también ocurre en cumpleaños, por ejemplo—, pero durante el Año Nuevo es casi una institución que los mayores entreguen sobres rojos con dinero a los más pequeños de la familia o a los hijos de amigos.

No hablamos de grandes cantidades. Lo importante es el mensaje: desear prosperidad y buena fortuna.

En la provincia de Guangdong, además, hay otros dos elementos vegetales muy presentes durante el Año Nuevo Lunar.

Uno son las mandarinas. Los pequeños árboles en los que crecen abundan como símbolo de bienvenida, respeto y buenos deseos en cada casa y a las puertas de los negocios. También aparecen en muchos postres de los banquetes.

El otro son las flores. La ceiba es la flor característica de Guangzhou y, además de crecer de forma exuberante por toda la ciudad, cuando cae al suelo se convierte en uno de los objetos más codiciados por quienes quieren llevarse un recuerdo a casa.

Pero no solo eso. Muchos barrios cierran calles o plazas para organizar mercados de flores, donde es tradición comprar ornamentos para el hogar durante estas fechas.

Son puntos de encuentro que, ni qué decir tiene, están a rebosar: toda las personas que quedan parecen concurrir allí con ruido constante, música, luces y gente de todas las edades. Lejos de lo que podría parecer, es una tradición muy viva.

Drones y fuegos artificiales para celebrar el Año Nuevo chino

Quería vivir estas celebraciones también por una razón concreta: asistir al espectáculo pirotécnico que culmina la noche grande del Año Nuevo Lunar en China.

Es una de las estampas más típicas que nos llegan desde el país.

El espectáculo comienza con una coreografía de drones —al parecer unos 1.500— capaces de formar figuras y mensajes en el cielo, como “Welcome to Guangzhou”, una ceiba, un círculo del que caen sobres rojos o incluso las mascotas de los Juegos Nacionales de China.

Después llegan los fuegos artificiales: más de treinta minutos de pólvora, ruido y color en proporciones épicas. Cada explosión de luz va acompañada por los “oooohhhh” del público que contempla el espectáculo.

No sé si es comparable a otras fiestas del fuego como las de Valencia. Aquí, desde luego, la pirotecnia es casi una religión. Durante los quince días que he estado en China no creo que haya habido uno solo en el que no haya escuchado petardos o fuegos artificiales.

El regreso a la normalidad tras el Año Nuevo Lunar

Comida, luces, color, fuego… tradiciones que transforman —y en cierto modo humanizan— el gigante.

Son días de descanso en los que la actividad decae, pero que también dejan otra escena interesante: la paulatina vuelta a la normalidad tras el Año Nuevo Lunar.

Con el paso de los días regresa la gente, reabren las tiendas y muchas celebran ceremonias de reapertura con petardos, ofrendas y pequeños rituales para atraer la prosperidad.

Y entonces uno entiende algo.

Vivir el Año Nuevo chino en su propio territorio no solo cumple las expectativas.

Las supera.

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