Pepe Domingo Castaño y Fernando Llamas, un recuerdo

Han pasado ya un par de días desde que se conoció la noticia y aún hoy veo con emoción cómo han prolongado este duelo en forma de homenaje hacia una figura de la radio como la que, posiblemente, de verdad que no haya habido una igual. Tenía olvidado en la práctica, que no en el corazón, este capítulo de voces entre las que, paradojas del destino y por aquello de que esto parece casi una sección de epitafios, no le había tenido en cuenta.

Los caprichos de esa parte de la vida llamada muerte han querido dotar de un protagonismo que todos hubiéramos querido elongar mucho más para Pepe Domingo Castaño (Padrón, 1942-Madrid-2023) pero la edad, que ya saben que no perdona, es un argumento de peso para que las complicaciones lo sean aún más. Sería absurdo ahondar en una trayectoria de décadas en la que si hay algo que resuma su trabajo sean las palabras “polifacético” y “familiar”.

De lo primero da fe un currículo que, puesto en negro sobre blanco, constituye en sí mismo un recorrido por casi toda la historia de los medios en España, con programas de televisión y sobre todo, una vida extraordinariamente orientada a la radio, donde es -ha sido, perdón- una de las voces más carismáticas de nuestras ondas. Y aunque en las últimas décadas ha estado en programas deportivos, Carrusel Deportivo o Tiempo de Juego, ya mucho antes se había dado a conocer en espacios de todo tipo de temáticas y palos, como la música o los concursos. Hizo de todo y todo bien.

Bueno, esa parte, como aquella en la que incluso dejó para la posterioridad discos como intérprete, la pueden encontrar en la infinidad de artículos y semblanzas que han poblado estos días la Red.

Pero a lo que yo venía hoy aquí, y lo que hará este post más personal es a la faceta más conocida, al menos últimamente. Castaño se especializó en un concepto inédito en nuestra radio, que era la de hacer una publicidad que, huyendo de los corsés de las agencias de publicidad, se gestaba en su propia cabeza. Esas cuñas que buscaban rimas imposibles, soniquetes de salón, percusiones en las que implicaba al resto del equipo de los programas o coletillas que acompañaban cada gol, cada carrusel, cada jugada polémica. Será de las pocas veces en las que la publicidad le aportaba a sus programas un valor añadido. Y puede que, en medio de la candente actualidad del fútbol puede que ese señor no viniera allí a hablar de lo que ocurre en torno al balón pero daba igual: su voz era como de la familia y nos hubiera extrañado que no hubiera sonado allí. Por eso será tan complicado que, para quienes le hemos seguido desde hace años, nos vaya a resultar casi intolerable su ausencia.

Hay algo más por lo que quiero recordarle: yo le conocí en persona en el curso 98/99. Otro siglo, como ven. Cursaba yo mi primer año de Periodismo y miento si digo que recuerdo la asignatura de la que se trataba pero el caso es que allí hice un trabajo en equipo con dos compañeros (Miguel Adán y Carlos de la Rosa: hola, si me estáis escuchando) sobre publicidad radiofónica. Y al margen de la investigación que hicimos, de la infame tarea de grabar anuncios y aislarlos con la tecnología de la época o de escribir nuestro texto, el plato fuerte de aquello fue plantarnos en Gran-Vía-octava-planta y entrevistar a Pepe Domingo Castaño.

Fue más la impresión de compartir espacio y tiempo con él que lo que realmente recuerdo de lo que nos contara. Tampoco recuerdo la nota del trabajo, imagino que muy alta. Pero qué les voy a decir, para tres mequetrefes que empezaban por aquel entonces aquello podía parecer una gesta y, sin embargo, esa calidez, esa bonhomía del personaje y de la persona y esa nobleza de la que todos hablan estos días era tan cierta que hoy, un cuarto de siglo después, es tan memorable que cómo no adherirse a estos recuerdos.

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Y ya que estamos, sería injusto no mencionar en este blog a otro periodista que también falleció hace unas semanas: Fernando Llamas. Durante mis años en la sección de Deportes de El Mundo tuve la increíble suerte de compartir mucho tiempo con él. Como becario siempre quería estar con él: su mesura, su calma, su educación a prueba de terremotos, su siempre humilde actitud de maestro ante cada aspecto de la redacción y de la vida…

Llamas era un tipo grande al que tuve la suerte de conocer y, más aún, de poder trabajar codo con codo porque, como en el caso de Pepe Domingo Castaño, su huella también es muy profunda en quienes le tuvieron cerca. Su proximidad al ciclismo, donde era uno de sus periodistas más veteranos y queridos hizo que incluso antes de la última etapa de la reciente Vuelta a España se le brindara un recuerdo por parte de la organización que delatan hasta qué punto le echamos de menos.

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