Heaven, un deje de Murakami en torno al acoso escolar

Esas hipérboles que uno lee en las solapas de los libros nuevos, escritas por el mismísimo marketing de las editoriales, a veces me echan para atrás al encarar una lectura. Y hay cosas en este Heaven (editorial Seix Barral) que parecieran un brindis al sol: “La nueva Murakami”, se da a entender en estos extractos. El caso es que esta casi novel Mieko Kawakami (Osaka, 1976) aún tendrá muchas millas por recorrer pero lo cierto es que, de momento, cuenta sus obras por éxitos. La que nos ocupa ahora, Heaven, es un ejemplo. Es un libro difícil, que narra la compleja convivencia de un adolescente de 14 años con una situación de acoso escolar que le condiciona toda su vida, incluida la de fuera de las aulas.

Es una obra difícil porque ‘la nueva Murakami’ asume la primera persona como voz para desarrollar una historia que nos conduce por los aspectos más turbios de una situación que, desgraciadamente, parece estos días más actual que nunca. Y en realidad tal vez esto no es así: los números están ahí pero no creo que antes se midieran estas cosas o, al menos, existiera en la sociedad una mínima sensibilidad hacia el asunto. De hecho, se ambienta en 1991, lejos del panorama de redes sociales que tenemos ahora, por ejemplo.

Bueno, volvamos al libro. Hay un detalle importante en toda esta historia: el protagonista es estrábico, bizco. Y en eso piensa él que sus acosadores basan los argumentos para obligarle diariamente a darles dinero o ser el saco de golpes o de humillaciones a las que se ve sometido. Hay pasajes repugnantes no tanto por lo explícito, que un poco también, sino por la impotencia que transmiten esas páginas dada la indefensión y la sumisión del chaval ante este bullying.

Es en ese punto donde la autora se posiciona de una manera increíble como narradora porque es capaz de meternos en la cabeza del niño y de acompasar nuestra lectura a sus pensamientos y sentimientos. Nos va a doler cada golpe que recibe y nos va a hervir la sangre con cada vejación. Es una forma ficticia pero seguramente muy fidedigna y útil de entender qué es lo que pasa por la cabeza de alguien que sufre esto, suicidio incluido, y adivinar alguna respuesta acerca de los porqués y del motivo o los motivos de que, entre las posibles soluciones, las víctimas no recurran a lo más obvio: pedir ayuda y denunciar la situación.

Estamos en Japón, que es otro detalle importante para entender algunas actitudes, reacciones y comportamientos de todos los personajes, pero en este punto eso -me temo- es universal: hay en este chico un miedo a que la cosa vaya a peor, a que no le crean (ellos siempre saben cómo pegar sin dejar marcas) o, casi lo peor de todo, a mostrarse débil ante su familia y la sociedad porque, si no es capaz de aguantar esto, ¿cómo será posible que se enfrente a los vaivenes que la vida le tenga reservados en el futuro? Eso, en una sociedad ultra competitiva como la nipona parece una condena suficiente como para no decir ni mú.

Esto es por poner las cosas en contexto. En medio de todo esta espiral de violencia ocurre que un día, en la soledad y el miedo del aula, alguien le deja una nota: “Somos iguales”, le dicen. El anónimo se repite frecuentemente y al final se desvela que procede de otra compañera de clase que también sufre episodios de acoso parecidos. En su caso por la falta de higiene. A partir de ahí se establece una historia íntima de complicidad y de amistad en la que se van acomodando atisbos de un sentido a todo lo que están padeciendo.

Las conversaciones entre ambos es casi un ente vivo de la novela porque comienzan muy a la japonesa, con una gestualidad muy limitada, palabras muy medidas y una ritualidad que a ojos mediterráneos resulta casi ridícula. Pero cuando los dos alumnos toman vuelo descubrimos a una chica extremadamente inteligente que deja para el recuerdo del lector multitud de pasajes y reflexiones. Tanto en ello como en algunas otras conversaciones que tiene el protagonista con otro personaje da un poco la impresión de que el nivel es bastante superior al esperado para adolescentes tan jóvenes pero bueno, lo importante es que la narración avanza de manera orgánica y nada parece forzado.

En el desarrollo de la historia también habrá un espacio para conocer a algunos de estos malvados que tienen amargado al chico. Recordemos que incluso aquí seguimos en la cabeza del protagonista, por lo que iremos siguiendo el hilo de sus pensamientos también cuando recibe los castigos e incluso cuando tiene una conversación con uno de ellos, de la que saldremos un tanto confusos por los motivos que aduce.

Por supuesto, Kawakami no es Murakami pero sí que hay un cierto deje de lectora de aquél que se manifiesta en párrafos en los que el estilo sí que tiene alguna reminiscencia a nivel general. Quizá le falta algo de mayor consistencia en ese sentido: todo en Murakami parece imbuido de su toque de varita y aquí hay algunas partes que son un poco más irregulares, sobre todo la aproximación al final, que me ha parecido un tanto farragosa, como si peligrara el escape de la red que teje la propia autora. Pero salvando esta pequeña parte, solo puedo lanzar alabanzas por la manera que tiene de salir del paso y afrontar un final que, de puro lógico, resulta casi inesperado.

De Mieko Kawakami se está empezando a conocer ahora, algo más de una década después de haber empezado a escribir y a publicar sus textos. Hasta ese momento leo que su fama provenía principalmente de un blog y de su faceta de cantante, de la que a continuación aprovechamos para dejarles algunos temas.

En el ámbito literario, la verdad es que es complejo abordar su obra si uno pretende hacer un repaso de lo que ha ido publicando en cada año. El idioma no ayuda para aclarar cómo, al parecer, algunos de los éxitos que estamos conociendo ahora son, en realidad, reescrituras de obras más antiguas. Nos van a importar dos en esta entrada: Heaven, que es la que nos ocupa, y otra llamada Pechos y huevos.

Esta última es relevante porque se supone que fue la carta de presentación de Kawakami a nivel internacional. Al parecer fue un pelotazo con el que rompió fronteras gracias a un texto que aborda, desde una óptima plenamente femenina, tanto el desarrollo del cuerpo de la mujer como las dificultades a las que tienen que hacer frente diariamente en la sociedad. Se trata, por otra parte, del otro libro editado en España que tiene la autora y que, según su propia web, se trata de una “versión ampliada de la novela original” de 2008. Heaven también parece que ha vivido un proceso similar: salió al mercado en 2009 pero solo fue traducida al inglés en 2020, siendo finalista del International Booker Prize en 2022 y fue considerado uno de los mejores libros de ese año por Time.

Y, por si opinan que lo mejor es cerrar la reseña con una frase de solapa, vamos con una: “Nunca podré olvidar la sensación de puro asombro que sentí cuando leí por primera vez a Mieko Kawakami. Impresionante. Es una autora que está creciendo y evolucionando sin cesar”. Palabra de… Haruki Murakami.

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