‘Madrid: crónica creativa de los 80’. Mucho más que la Movida

Ese Madrid irrecuperable de los 80 fue el escenario de una explosión creativa, urbanística y vital inmensa y que aún hoy, camino de cuatro décadas después, aún reverbera en la memoria como uno de los momentos más lúcidos de nuestro pasado reciente. Mucho de lo que pasó entonces, no obstante, quedó únicamente en la memoria opacado por ese concepto tan manido de ‘La Movida’ que parece querer resumir todo lo que dio de sí el momento. Craso error, como se trasluce en la exposición ‘Madrid: crónica creativa de los 80’ que mantiene en programación Fundación Canal hasta mediados de agosto. En este espacio asistiremos a una especie de catálogo ilustrado de todas esas manifestaciones que transformaron la ciudad y que catalizaron el cambio de mentalidad generalizado de la nueva España que afloraba, al fin, tras décadas de cerrazón.

La propuesta de la exposición pretende celebrar igualmente que, en este 2023, se cumplen 40 años del Estatuto de Autonomía de la Comunidad de Madrid, un documento fundacional con el que la región tomaba las riendas de su propio destino. Pero si se ha destacado la efervescencia del momento no es tanto por lo político como por lo que se respiraba en la calle: la música, el arte, la moda… casi cada faceta de la vida cultural y social se vio sacudida por una “tormenta creativa” en la que, además, existió una retroalimentación obvia entre los distintos ámbitos que le dio aún más consistencia a aquel momento.

La muestra pretende hacer un recorrido a través de esta década prodigiosa mediante la exhibición de más de 300 objetos de más de 80 creadores de la época entre fotos, cuadros, carteles, etc., que, si bien responden claramente a una clasificación evidente que se ciñe a epígrafes muy concretos, acaba conformando un mosaico en el que cada tesela se puede encontrar entre otras aparentemente muy alejadas.

Este homenaje a aquel tiempo se articula en torno a ocho capítulos, de los que el primero es el que los comisarios de la muestra han denominado ‘Artes plásticas’. Se exponen lienzos de, entre otros, Miquel Barceló, Guillermo Pérez Villalta, Patricia Gadea, Ceesepe o Costus. Estas obras aparecen contextualizadas con otro material del momento como fotografías o recortes de prensa en los que queda clara la centralidad de Madrid en el arte del momento, como atestigua la puesta en marcha de ARCO, la feria que hoy es referencia en este campo.

Pero incluso más allá de nombres y eventos, el mensaje que emana de esta parte de la muestra es esa versatilidad y libertad artística, ese lienzo en blanco en el que cada cual expresó a su manera el sentir del momento. Y no solo de los considerados ‘primeros espadas’ sino de infinidad de personas que contribuyeron a configurar este escenario en el que caben tanto las manifestaciones más clásicas como las más alternativas: es la época en la que las galerías de arte adquieren un papel protagonista e incluso un grafitero fue elevado a leyenda, como Muelle.

El segundo apartado, dedicado a la fotografía, establece un cierto paralelismo con lo anterior. No es, tal vez, un momento de uirrupción tan fulminante pero sí la culminación de vertientes que se mantenían latentes desde hace décadas. Experimentación y costumbrismo se ponen al servicio de un espíritu más libre, más joven y menos preocupado ante el futuro. Es gracias a ello que tenemos hoy una excelente crónica documental de los personajes que han sobrevivido en nuestro imaginario de los ochenta a través de las tomas de la llamada ‘Quinta generación’ del gremio, en la que se cuentan nombres tan míticos como Fontcuberta, Cristina García Rodero, Eduardo Momeñe y, posteriormente, y de la mano de esta profusión de la imagen, de los Ouka Leele, Ciuco Gutiérrez o Alberto García-Alix, entre muchos otros. Todos ellos ayudaron a retratar no solo el Madrid más genérico sino aquel que dio para elevar la Movida a categoría de leyenda.

Muy ligado a todo esto está la parte dedicada a la música, que la Fundación Canal presenta con un original pasillo en el que se exhiben decenas de las carátulas de discos más icónicas de aquellos tiempos. Complementan esto carteles de conciertos y locales míticos y, por supuesto, imágenes de las voces y grupos que abren todo un catálogo de música que abarca todo tipo de estilos, un eclecticismo expansivo y exhuberante que aún hoy nos resuena en la memoria. No hubiera estado mal en este punto, por poner un pero, algo de acompañamiento sonoro desde la megafonía de la sala.

De la misma manera, el cine del momento da para dedicarle otra parte de la exposición. Es un recuerdo de la importancia de Madrid en las películas del momento, dado que buena parte de las películas más conocidas se desarrollan en sus calles. Es algo a tener en cuenta dado que durante esta época el cine español tiene lo que la muestra define como “un elenco sobresaliente”, en el que la figura más icónica, tal vez, sea la de Pedro Almodóvar.

La relación de todos estos ámbitos entre sí no quedó ahí y por eso en la sala de la Fundación Canal también hay otras partes dedicadas a la moda, a la televisión, la publicidad e incluso a la literatura. Son manifestaciones en las que este espíritu disruptivo del momento cambiarán para siempre la forma de hacer y entender las cosas.

De hecho, y ligándose con la celebración del Estatuto que “inventaba” Madrid, también en arquitectura y urbanismo los ochenta fueron un terreno abonado para el progreso y la búsqueda de un espacio y una personalidad propia por parte de la capital. Es por ello que asombra el desarrollo de la ciudad durante estas cuatro décadas no solo en las imágenes que se contemplan sino en la profusa elaboración de gráficas que abarcan todos los aspectos que definen la metrópoli y que la posicionan, hoy, como un referente que, en buena parte, bebe de aquellos ochenta que impulsaron cada una de sus células.

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