Roberto Baggio, la divina coleta

Baggio vs. Zubizarreta. ¿Qué esperábamos?

Apenas minutos después de que el tronco de Julio Salinas errara, absolutamente solo y ante un portero-cono, una de esas ocasiones que invitan a la mofa por los siglos de los siglos, otro pelotazo -esta vez hacia nuestro campo- fue a demostrar qué importante es el talento para definir este tipo de ocasiones. Porque en este caso, la pelota fue a parar a los pies de Baggio.

Roberto Baggio, aclaremos, dado que en aquel lejano enfrentamiento del Mundial 94 ante España, el del codazo a Luis Enrique, el primer gol italiano fue de un tocayo suyo, sin más relación con él que la del apellido y la de compartir vestuario.

Baggio vs. Zubizarreta, decía. Final previsible. Control, finta que vence al hierático portero del Barcelona y, aunque el delantero se escora más de lo que seguramente hubiera deseado, aún es capaz de ser lo suficientemente preciso como para evitar la carrera de un defensa y colocar el balón en las redes del destino.

El destino. Lo divino. Hoy venimos aquí en otro ejercicio de expiación nostálgica para hablar de Baggio, la divina coleta. Una película documental que se puede ver en Netflix sobre el jugador de fútbol italiano, uno de los más importantes que han salido de allí en las últimas décadas. Y que, aunque a muchos se les puso en el mapa aquella aciaga tarde veraniega, lo cierto es que su nombre ya había trascendido las fronteras. De hecho, en aquel momento venía de ganar el Balón de Oro un año antes.

Eran tiempos en los que estar al día en cuanto a fútbol internacional era bastante más complejo que en estos tiempos de inmediatez y canales temáticos por doquier. Aquello era bastante más difícil pero, aún con eso, una de las noticias recurrentes que llegaban eran los goles, las maniobras y el potencial de aquel menudo jugador de la Juventus tan hábil con el balón como peculiar por su aspecto, con esa coletilla.

Tras su retirada, y de cara a un no italiano, Baggio desapareció del mapa. Algún que otro artículo de vez en cuando le situaba apartado de todo y de todos, nada que ver con otros de su generación que pululan por los medios o las redes sociales sin pudor. Todo esto nos lleva a su consideración de tipo raro en la que también, por qué no, ahonda el metraje. Cuánta no iba a ser la curiosidad en torno a su persona.

Y por eso, que apareciera este documental en Netflix es una buena noticia. Desgraciadamente, aunque la película debe considerarse (imagino) un reflejo de lo que debió pasar en realidad, y con la mirada y supervisión (imagino) del propio Baggio, se me queda lejísimos de lo que esperaba. Puede que sea eso, que es una película, algo alejado de lo que estamos tan acostumbrados últimamente donde los documentales sobre deportistas, equipos y estrellas proliferan como setas con los propios protagonistas en el centro de la acción. Véanse, por ejemplo, dos de los que hemos tratado por aquí en los últimos tiempos, sobre Fernando Alonso y Michael Schumacher.

Aquí, no. Aquí es un actor el que encarna a Baggio (Andrea Arcangeli). Y aunque su rol es emotivamente significado y las secuencias de los partidos más que meritorias, mi crítica es la de que esperaba ver imágenes reales de muchos momentos que se abordan en el guión. Y por supuesto, ver y escuchar al verdadero protagonista, algo que ya les digo que no sucede hasta los títulos finales y por motivos muy alejados de lo estrictamente futbolístico. Sin todo eso, queda una película muy blandita, facilona y que te deja un poco a medias.

De hecho, les confieso que este vídeo de Netflix que les pongo a continuación me ha parecido mucho mejor que la película porque es una entrevista a Baggio en la que repasa todos los temas que se tocan. E incluso -otra carencia- se pregunta y se incide algo más en los asuntos más difíciles para el exfutbolista, como las lesiones, la relación con su padre o, por supuesto, la jugada que le marcaría de por vida y que aún hoy le atormenta, aquel penalti errado ante Brasil en la tanda decisiva de la final de EEUU 94. El destino, cómo no.

Haciendo un repaso temático, la verdad es que también se me queda algo coja la película. No sé si daría para una serie pero es verdad que hay cosas por las que se pasa muy de puntillas, sin detenerse mucho y que podrían haber dado más de sí. Por ejemplo, apenas recuerdo muchos pasajes de su tiempo en la Juventus que, por otra parte, es donde consigue su mayor reconocimiento. Está muy bien lo del inicio del Vicenza, el paso por la Fiorentina y el final en el Brescia, pero la ausencia de sus tiempos en los dos equipos de Milán y ese lustro en Turín parecen un poco inexplicables.

Hay un motivo por el que su vida en los clubes no se desarrolla tanto y puede que sea sus vivencias en la selección que, eso sí, está en el ADN de la película. No podía ser de otra manera porque toda la acción se articula en torno a un momento cumbre y a una promesa que une a los Roberto Baggio niño, al Roberto Baggio en su momento de mayor visibilidad y al Roberto Baggio de hoy. Es una línea argumental muy poco arriesgada y a la que el director se encadena como un poseso pero que igualmente tenía que funcionar sí o sí. Quizá mejor para el público italiano que pudiera tener esas cosas más en el contexto.

Hay otros dos temas que se presentan como importantes. Por una parte, la relación ‘con sus mayores’, podríamos decir: con su padre, por un lado, y con Arrigo Sacchi, seleccionador italiano en aquel 94, que en ambos casos circula desde lo paternal hasta la exigencia máxima que concluyen y giran en torno a una cabeza que, aparte de portar la coletilla más famosa de la historia del fútbol, era -es- de esas que no cesa a la hora de darle vueltas a las cosas y amenaza con la autodestrucción.

Surge para Baggio una tabla de salvación para esto: el Budismo. Es el otro tema tangencial sobre el que (imagino) que podría existir mayor curiosidad, y lo cierto es que el desarrollo de su querencia por esta religión deja escenas de cierto tono humorístico que, sin caer en la exageración, resultan bastante creíbles. Y lejos de ser una manía, es algo que, como reconoce el Baggio del presente, le ayudó a comprender que todo lo que ocurriera, lo bueno y lo malo, dependía de su propio desempeño. ¿Sabría Salinas eso aquel día?


Tiempo de descuento: si quieren profundizar en la vida, obra y milagros de Roberto Baggio en formato negro sobre blanco, les dejo por aquí un par de artículos de Jot Down sobre el divino, Los renglones torcidos de Roberto Baggio: primera y segunda parte.

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