Asturias y Prime Vídeo: Territorios Fernando Alonso

Un viaje a Asturias es provechoso lo mires por donde lo mires. Da igual por donde empieces a explorarla, qué busques o que incluso ya hayas estado en el pasado: al final te sorprende vayas donde vayas. Naturaleza, playas, historia, cultura, una gastronomía increíble, buena gente… debe ser la tierra en la que los tópicos se ajustan más a la realidad. Y en este contexto, va que les surge un doble campeón del mundo de Fórmula Uno, Fernando Alonso

Puede que el personaje realmente caiga mal, al menos tanto como parece. Bajo mi modestísimo punto de vista, y conociéndolo indirectamente, se lo ha ganado a pulso muchas veces con alguna que otra sobrada pero, ciertamente, tampoco creo que se esté siendo muy justo en líneas generales. Principalmente porque fuera del fútbol, que lo copa todo, no es muy popular ver que un deportista se sale de la línea o del guión preestablecido o incluso que, como se dice últimamente, sea un rey del troleo.

Bueno, no nos dispersemos. Decía que: si les da por viajar a Asturias, no se pierdan la visita al museo que se ha montado el piloto cerca de Oviedo, les caiga como les caiga. Si les gustan los coches en general y la Fórmula 1 en particular, no se lo piensen. Se trata de unas instalaciones espectaculares en las que es fácil salir con las expectativas más que satisfechas. Vamos a contarles un poco qué se puede ver y qué hacer allí.

El Museo Fernando Alonso no engaña a nadie. Todo gira en torno al piloto local, como no podía ser de otra manera. Eso es una primera manera de distinguir entre el material que se expone aquí y el de colecciones de coches privadas como las que hay en otros lugares (aquí hablamos en su momento del Museo Louwman, en La Haya, por ejemplo). Desde la primera sala, e incluso antes, desde el mismo aparcamiento del complejo, ya se percibe todo como un homenaje a Alonso y a sus marcas e hitos personales.

La instalación propone un recorrido cronológico bastante interesante. Empezando por los karts, casi carritos de supermercado con ruedas y motor que, nadie se engañe, por su relación entre peso y potencia ofrecen unas prestaciones de velocidad y un manejo tan directo que se suele decir que es una de las categorías que más se aproximan a la Fórmula Uno. Pensando en la ingente cantidad de niños que se suben a un kart -más aún después del fenómeno que supone el asturiano-, uno palpa muy bien la extrema competencia que se da aún a esas cortas edades. El protagonista del museo se forja en esos terrenos en los que el talento se despierta y hace la primera gran criba.

Por eso, podemos empezar a ver su evolución a lo largo de los años a través de este tipo de vehículos, viendo cómo va engordando su palmarés a la par que el niño-prodigio va creciendo y quemando etapas hacia la cima. Será un primer paso que nunca olvidará del todo, ya que aún hoy, entrado en la cuarentena y con todo hecho en el mundo del motor, no falta ocasión en la que se le vuelva a ver subido a un kart o defendiendo este mundo.

Pero la chicha de la exposición espera en las salas siguientes. Primero con el salto que se le presenta para pilotar monoplazas de la Fórmula 3000, una de las ya vetustas formas que tenían los pilotos jóvenes para destacar y optar al alto más ansiado por todos los que empiezan: la Fórmula Uno. Para Alonso, esa ocasión se presentó en Australia 2001 al volante del coche más modesto de la parrilla, un Minardi que se puede ver allí y que parece una especie de ladrillo negro con ruedas. Lo admirable del asunto, si lo piensan, es que aún siendo el peor coche, es una máquina que fácilmente te lleva a 300 por hora. Ojo con eso.

Indudablemente, la parte de la Fórmula 1 tiene dos estrellas obvias: los R25 y R26 con los que obtuvo en 2004 y 2005 sus dos Mundiales. Por la emotividad del recuerdo, el carisma de aquellos Renault que compartían los colores de Asturias y que los llevaron por el mundo, es inevitable no sentir un escalofrío mayor al ver estos monoplazas e incluso los trofeos de campeón, que también se exponen junto a ellos en un lugar privilegiado de la inmensa sala donde se pueden ver.

Muy cerca se contemplan, igualmente, el resto de bólidos que ha llevado Alonso en el Gran Circo, con el McLaren de 2007 (menudo añito aquel), el Renault del rescate de las campañas 2008 y 2009 o los Ferrari de sus cinco años en Maranello.

Además, en este museo también hay alguna que otra curiosidad, como el Toyota con el que ganó las 24 horas de Le Mans o el McLaren con el que compitió en las 500 Millas de Indianápolis. Yo no alcancé a verlo pero una de las últimas novedades que se han añadido a este garaje tan personal es el coche con el que el piloto asturiano participó en el Dakar en 2020.

Los coches son los grandes protagonistas pero en las instalaciones también se exponen todo tipo de artículos personales del doble campeón del mundo como monos de competición, trofeos e incluso una colección de cascos dedicados en los que, curiosidad o no, no se ve ninguno de Hamilton. Además, el recinto tiene un circuito de karts y una tienda de ‘mírame y no me toques’: precios desorbitados.

‘Fernando’: buscando el lado más íntimo

Como complemento a esta visita y aprovechando la coyuntura, vamos a hablar también un poquito de ‘Fernando’, la serie-documental dedicada a Alonso que tiene dos temporadas en Amazon Prime Vídeo. Ya que esta plataforma y Netflix mantienen una competencia feroz en todos los frentes, la F1 no iba a ser menos entre este monográfico dedicado al asturiano y el ‘Drive to Survive’.

La propuesta de la plataforma del gigante del comercio online consigue algo imposible: meterse en la intimidad del piloto español. Lo hace, además, en un momento crítico en su carrera, precisamente cuando ha abandonado la Fórmula 1 y se plantea nuevos retos, entre ellos el de la Triple Corona, que consiste en ganar en el GP de Mónaco, las 24 horas de Le Mans y las 500 Millas de Indianápolis.

Con Mónaco conquistado en dos ocasiones (2006 y 2007), el segundo escalón hacia ese título honorífico llegó bastante pronto, en 2018, repitiendo en 2019. Es en este último año donde se reengancha el documental, en el segundo éxito del asturiano en Le Mans y en el cómo su ambición le lleva a mirar hacia Indianápolis para cerrar el círculo… y al Dakar como colofón.

La primera temporada gira en torno a ambas carreras. El éxito le fue esquivo en las dos pero lo importante del metraje, el verdadero leit motiv de todos los minutos, es presentar el lado más humano de una figura que, sin desmerecer la parte deportiva, que solo faltaba porque es excepcional como piloto, siempre está en entredicho por su aparente soberbia y el trato no siempre benigno hacia los medios de comunicación.

Que ‘Fernando’ consiga blanquear esta imagen es algo que no me acaba de quedar del todo claro. Concedámosle el beneficio de la duda, porque se le nota un esfuerzo sincero por ser natural en muchos momentos y eso es plausible. No obstante, lo que transmite durante buena parte del metraje es incomodidad. El peso de las cámaras parece demasiado acusado, demasiado intrusivo. Es de alabar que se preste a ello pero ni en los diálogos con su gente cercana (presencial o telemáticamente) ni en aquellos momentos en los que ‘decide algo’ (que hay bastante de ello en la serie) se le percibe especialmente suelto. Los mejores momentos casi son los que tiene de charla con Carlos Sainz.

Que ‘Fernando’ consiga blanquear esta imagen es algo que no queda del todo claro. Se le nota un esfuerzo sincero por ser natural en muchos momentos, pero lo que transmite durante buena parte del metraje es incomodidad. El peso de las cámaras parece demasiado acusado, demasiado intrusivo.

En este sentido se puede decir que, frente al dinamismo de Drive to Survive, aquí la serie peca un pelín de falta de atractivo en cuanto a imágenes. Sí, nos metemos en su casa, en sus reuniones de trabajo o en el taller de Alpine, pero imagino que la falta de derechos juega en contra porque hay muy poquitas imágenes de carreras. Es cierto que, yendo a los argumentos de la serie de manera literal, ya no hay Fórmula Uno, pero se hace un poco raro que haya momentos que uno espera y que no aparecen. Muy blandita la producción en este punto. Esto es más acuciante aún en el segundo bloque de episodios en los que el principal argumento es la preparación de su regreso a la máxima competición

Por otra parte, el visionado también me dejó un poco frío por lo endogámico que resulta todo. Es muy interesante meternos en su casa, en sus idas y venidas, conocer sus ‘problemas del primer mundo’ en cuanto a viajes, cuarentenas y demás. Pero hay mucho de eso que acaba siendo repetitivo y que destapa una carencia fundamental del reportaje: el de contar con más opiniones externas más allá de su círculo más reducido. No es una cuestión de hurgar con mala leche sino de completar el perfil del mejor piloto que hemos tenido en la F1.

Salvando estos detalles, se puede leer entre líneas otro mensaje: que es un tipo normal, con sus rarezas, que solo quiere que le dejen en paz y hacer lo que más le gusta. Porque es precisamente cuando hay un coche por medio cuando se le ve más aliviado y a los espectadores más metidos en la acción. Somos simples: al final solo queremos velocidad.

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