Dark, La Casa de Papel y otras formas de perder el tiempo con Netflix

Con el confinamiento hemos reventado Netflix y equivalentes. En mi caso no fue diferente y ciertamente que, como suele suceder por estos lares, me hubiera gustado venir a dar parte de lo visto de forma individualizada, como hago tantas veces. Pero sinceramente, salvo muy contadas excepciones, en lo que he ido observando no he hallado nada especialmente destacable. Y eso que he podido darle un vistazo a nuevas temporadas de series que ya había comentado o a otras que han sonado y que, a estas alturas, lo reconozco, tal vez ya hayan pasado de moda. El frenesí de siempre. Solo Mindhunter, la segunda temporada, me ha gustado lo suficiente como para hacer algo más amplio, que llegará. Entretanto, algunos apuntes a vuelapluma:

DARK. Me ha sorprendido para mal. Mientras que ese ente abstracto denominado ‘la gente’ parecía haber encumbrado esta producción alemana, personalmente opino que es una serie que ha ido de mucho más a mucho menos, que se ha encerrado en un bucle inabarcable incluso para la imaginación de los guionistas y que ha echado el telón final con la lengua fuera y casi dando las gracias. Puede que haya sido mi mermada percepción durante estos meses la que le resta méritos al argumento, pero es que no recuerdo ni un capítulo de la tercera temporada -ni uno solo- en el que no haya caído rendido al sueño más profundo.

Y es una pena, porque le eché ganas y paciencia y le concedí el beneficio de la duda en todo momento. Me empeciné en acabarla, tentado como estuve de pasarla a mejor vida. Eso que hubiera ganado. Pero excepto la fotografía, la música conveniente, me parece que ha sido -es- una serie prescindible que se ha regocijado en su impostada mitología de la misma manera que un cochino en el barro. Frases absurdas, personajes omniscentes que vienen y van, tramas enrevesadas hasta el paroxismo y oscuridad por doquier. Puede que todo tuviera de verdad un sentido, pero al final me daba igual que todo acabara cuadrando: obligarse a leer una y mil crónicas en Internet acerca de los  “Detalles que se te han pasado“, “El final de Dark explicado” y/o semejantes, perdonen que les reconozca, pero hace que me de una pereza. Si aún así quieren saber de qué iba, lean: reseñas de la primera temporada y de la segunda.

MARCELLA. Una tercera temporada rara, rarísima. Y mala, en mi humilde opinión. De todas las continuaciones posibles al final que vimos en la última, esta salida que han tomado los guionistas para recuperar a la detective encarnada por Anna Friel es, cuanto menos increíble, y genera una serie de preguntas molestas acerca del punto de partida de esta nueva tanda de episodios que a uno le persiguen hasta que cae el telón final.

Pongamos que Marcella desaparece en Londres y aparece, no se sabe muy bien cuándo, ni cómo ni por qué, en Belfast, como pareja primero de uno y luego de otro de los capos más importante de la mafia local. La ensalada de tópicos que desfila en la pantalla nos conduce al momento de verla con otro nombre, con el pelo rubio, y a sueldo de un policía local que, desde las sombras, casi literalmente, la tiene infiltrada en la familia más poderosa del lugar.

Y para completar el cuadro de números circenses, incluso aparece en escena su exjefe londinense, en lo que constituye un WTF de libro. Lo único que se mantiene intacto de los episodios previos es que ella va a su p… bola y sigue teniendo una psicología un tanto… complicada. Lo mejor, el episodio final, que es igualmente excesivo pero que al menos nos dio un poco de acción de verdad. Aunque dado el final-final, igual la vemos con el pelo verde en otro país angloparlante (¿Australia?) buscando nuevas aventuras. Mejor no, Marcella. [Reseña de las temporadas previas]

LUTHER. está bien porque puede que Idris Elba, el actor que encarna a este investigador, sea el mejor de todas las series que mencionamos aquí. Realmente esta quinta temporada viene a cerrar el círculo y por eso se antoja más intensa (sí, aún más intensa) y dramática que las anteriores. Puedo decir que me ha gustado. La verdad es que intenta abarcar mucho, que nos encontramos con un asesino en serie malo malísimo que bien pudiera ser el eje de los capítulos pero en cuyo debe hay que reconocer que quizá se diluye un tanto entre la amplitud de dramas que se suceden.

Esa trama hubiera bastado para guiar una serie normalita, pero sucede que en Luther todo parece complicarse y abrir vías de agua que el protagonista debe ir tapando como puede. La más interesante para los que le seguimos la pista de largo es la de Alice quien, tan intensa o más que el protagonista, se come la pantalla cada vez que aparece y acaba adueñándose de la serie y convirtiendo el visionado en un duelo entre ambos en el que el abanico de sentimientos, de tensión y de violencia acabará explotando. [Reseña de lo anterior]

LA CASA DE PAPEL. Si las primeras temporadas ofrecieron un caso cerrado en un excelente ejercicio narrativo al que incluso se le perdonaban los excesos y los diálogos facilones, la deriva posterior a nivel argumental resulta difícilmente justificable. Mientras todo se ajustó al atraco original celebramos estar ante la sorpresa más agradable de la televisión patria en años.

Ya la segunda parte tenía un tufo a estirar el éxito como un chicle de forma innecesaria para quienes no íbamos a ver un duro con ello, pero en la última tanda, la cuarta temporada oficial, la serie entró en barrena y me resultó fallida desde el comienzo. Es verdad que, en el ritmo narrativo, se arriesga entre poco y nada, y que eso podría dar no para una temporada más o dos, sino para 30 o 40. Pero el problema es el argumento, que hace mucho que dejó de ser un motivo para seguir viendo capítulos: ni metiendo nuevos personajes ni imaginando nuevas tramas, nuevos escenarios, nuevos flashbacks, ni resucitando a ‘ciudades’ extintas salvan un desaguisado en el que la guinda de lo superfluo ha sido volver a ver el careto de Arturito. ¿En serio? [Reseñas de la primera parte -la buena- y la segunda -en la que todo degeneró-]

TIGER KING. Hace mucho tiempo, me puse una autozancadilla con la que caigo ahora: aquella entrada sobre el verdadero y poco conocido significado de la palabra “bizarro”, con Monica Bellucci como estrella invitada. Aquella precisión me impide usar el término en este caso en el que pocos conceptos o ideas podrían aducirse al hablar de uno de los ¿documentales? más locos y extraños de la plataforma, en la que los personajes que salen a la palestra, si de verdad existen, que uno no acaba estando del todo seguro, son buena prueba de que, en ese país llamado Estados Unidos, habita una fauna en sus vastos territorios que ríase usted de los vídeos de rusos haciendo cosas. Como dice una amiga, estos yankis tienen una caraja de narices.

Y el sujeto autodenominado Tiger King y su contexto es una buena prueba de ello. Cómo contarle la película a quien no tenga ni idea de qué va. La cosa va de un hombre loco… por los tigres. Hasta ahí más o menos bien, a muchos nos encantan los animales. Lo que empieza a ser diferente es la ambición desmedida no solo por estos felinos sino, sobre todo, por llamar la atención y erigirse con toda propiedad en el título que se ha dado a sí mismo: el rey de los tigres. Un pavo capaz de invertir toda su fortuna en adquirir cuantos más tigres mejor para una especie de zoo personal que dirige con mano de hierro y con un tono bastante excéntrico.

La serie va desentrañando la historia de esa teórica conquista y de su caída a los infiernos a medida que su fuerte personalidad le conminan a un enfrentamiento con una némesis, acusaciones de asesinato incluidas. Por la curiosidad, por lo loco que resulta todo, y por la incredulidad y el qué vendrá después, uno puede sentarse ante la pantalla para verla pero definitivamente, si el ritmo decae nos hallamos ante un programa digno de las madrugadas de los canales más recónditos de la TDT.

Hay alguna más. Mencioné Mindhunter, que a mi juicio es mejor que cualquier que estas (con Luther es cierto que estaría ahí ahí) pero que me parece que requiere un comentario propio (spoiler: tal vez no lo haga). La nueva temporada de Formula 1: Drive to Survive también merece la pena, aunque solo sea porque Ferrari y Mercedes han abierto sus puertas… un poco, pero algo es algo. Y algún que otro documental: el de Michael Jordan (también tengo en mente dedicarle unas líneas), Babies (documental sobre el crecimiento de los niños)… en fin, que el caso es no aburrirse.

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